¿Cómo se trata el sangrado nasal espontáneo sin causa aparente?
El epistaxis espontáneo —es decir, el sangrado nasal sin causa aparente ni traumatismo previo— es un motivo frecuente de consulta en atención primaria y otorrinolaringología. Aunque muchas veces es benigno y autolimitado, requiere una evaluación cuidadosa para descartar causas subyacentes importantes.
En primer lugar, es fundamental identificar factores desencadenantes comunes: sequedad ambiental (especialmente en invierno o en ambientes con aire acondicionado), manipulación nasal repetida (como rascarse o sonarse con fuerza), alergias nasales crónicas, infecciones respiratorias altas recientes o el uso prolongado de descongestionantes tópicos (que pueden causar rinitis medicamentosa). También deben valorarse factores sistémicos: hipertensión arterial no controlada, trastornos de la coagulación (como trombocitopenia o déficit de factores de coagulación), uso de antiagregantes plaquetarios (aspirina, clopidogrel) o anticoagulantes orales (warfarina, rivaroxabán, apixabán), y enfermedades vasculares como la telangiectasia hemorrágica hereditaria (síndrome de Rendu-Osler-Weber).
El manejo inicial del epistaxis anterior —la forma más común— consiste en sentarse erguido con la cabeza ligeramente inclinada hacia adelante (nunca hacia atrás, para evitar la deglución de sangre), comprimir suavemente las fosas nasales durante 10–15 minutos con presión constante sobre el tabique nasal móvil, y aplicar frío local en la región nasal o cervical. Si el sangrado persiste tras dos intentos, se recomienda acudir de inmediato a urgencias.
En el ámbito clínico, el tratamiento puede incluir cauterización química (con nitrato de plata al 75 %) o electrocauterización de los vasos sanguíneos visibles en la zona de Little (área de Kiesselbach), que concentra la mayor parte de las anastomosis arteriales nasales. En casos recurrentes, se evalúa la necesidad de estudios complementarios: hemograma completo, tiempo de protrombina (INR), tiempo parcial de tromboplastina, y, si hay sospecha clínica, estudio de función plaquetaria o pruebas genéticas para telangiectasia hemorrágica hereditaria.
La prevención es clave: humectación nasal regular con suero fisiológico en spray o pomadas emolientes (como vaselina pura aplicada con cuentagotas en el vestíbulo nasal), evitar manipulaciones nasales innecesarias, control óptimo de la presión arterial y revisión farmacológica para ajustar o sustituir fármacos que aumenten el riesgo hemorrágico. Si los episodios son frecuentes (más de 2–3 por mes), prolongados o asociados a otros síntomas (hematomas espontáneos, sangrado gingival, menorragia), debe realizarse una evaluación hematológica integral.