¿Por qué siempre hay costras sanguíneas en la nariz?
La presencia recurrente de costras sanguíneas en la nariz —es decir, pequeñas formaciones secas y oscuras compuestas por sangre coagulada, moco y células epiteliales— es un hallazgo clínico frecuente,
La presencia recurrente de costras sanguíneas en la nariz —es decir, pequeñas formaciones secas y oscuras compuestas por sangre coagulada, moco y células epiteliales— es un hallazgo clínico frecuente, pero que no debe ignorarse. Estas costras suelen aparecer en las fosas nasales anteriores, especialmente en la región del plexo vascular de Kiesselbach, una zona altamente vascularizada y particularmente vulnerable a las lesiones menores.
Entre las causas más comunes se encuentran el aire seco ambiental —ya sea por calefacción en invierno o por sistemas de aire acondicionado en verano—, lo que deshidrata la mucosa nasal y favorece su fisuración y sangrado leve. Otros factores relevantes incluyen el rascado o manipulación repetida de la nariz (especialmente en niños), el uso crónico de descongestionantes tópicos —que pueden inducir rinitis medicamentosa y atrofia mucosa—, y alteraciones sistémicas como la hipertensión arterial no controlada o trastornos de la coagulación subclínicos.
También deben considerarse causas locales menos frecuentes pero potencialmente graves: rinitis atrófica, sinusitis crónica con ulceración mucosa, tumores nasales benignos o malignos —como el carcinoma escamoso o el adenocarcinoma sinusal—, o incluso infecciones granulomatosas como la tuberculosis o la sarcoidosis. En pacientes mayores o con historia de tabaquismo, la aparición persistente de costras sanguíneas unilateral, acompañada de obstrucción nasal progresiva o secreción purulenta, requiere evaluación otolaringológica inmediata con endoscopia nasal y, si corresponde, biopsia dirigida.
El manejo inicial se centra en la hidratación local: lavados nasales con solución salina isotónica varias veces al día, aplicación tópica de pomadas emolientes con vitamina A y D o vaselina pura (evitando productos con fragancias o conservantes irritantes), y humidificación ambiental constante. Si los síntomas persisten más de dos semanas, reaparecen tras tratamiento adecuado o se asocian a otros signos de alarma —como epistaxis espontánea recurrente, pérdida de olfato, dolor facial unilateral o adenopatías cervicales—, es indispensable realizar una evaluación especializada para descartar patología estructural o sistémica subyacente.