¿Cuáles son los síntomas de la faringitis y qué medicamentos se recomiendan para tratarla?
La faringitis es una inflamación de la mucosa faríngea que puede tener origen viral o bacteriano, siendo esta última menos frecuente pero con mayor riesgo de complicaciones si no se trata adecuadament
La faringitis es una inflamación de la mucosa faríngea que puede tener origen viral o bacteriano, siendo esta última menos frecuente pero con mayor riesgo de complicaciones si no se trata adecuadamente. Los síntomas más comunes incluyen dolor faríngeo intenso —especialmente al tragar—, fiebre leve o moderada, edema y eritema de las amígdalas, presencia de exudado blanco-amarillento en la superficie amigdalina, linfadenopatía cervical anterior sensible y, en algunos casos, cefalea, mialgias y malestar general.
El diagnóstico diferencial es fundamental: aproximadamente el 70–90 % de los casos en adultos y niños están causados por virus (como rinovirus, adenovirus o virus de Epstein-Barr), por lo que el tratamiento debe ser sintomático y no antibiótico. En cambio, la faringitis estreptocócica —causada por *Streptococcus pyogenes* (grupo A)— representa entre el 5 % y el 15 % de los casos en adultos y hasta el 30 % en niños. Su identificación requiere pruebas diagnósticas específicas: prueba rápida de antígenos faríngeos (RADT) o cultivo faríngeo, especialmente ante criterios clínicos sugestivos como ausencia de tos, fiebre ≥ 38 °C, exudado amigdalino, linfadenopatía cervical y edad entre 5 y 15 años.
En los casos confirmados de faringitis estreptocócica, la terapia antibiótica de primera línea es la penicilina V oral durante 10 días o una única dosis intramuscular de benzatina penicilina G. Para pacientes alérgicos a la penicilina (sin anafilaxia), se recomienda cefadroxilo o claritromicina; en caso de alergia grave, se opta por clindamicina. Es crucial evitar el uso empírico de antibióticos sin confirmación microbiológica, ya que favorece la resistencia antimicrobiana y no reduce el riesgo de complicaciones en infecciones virales.
El manejo sintomático —indicado tanto en formas virales como bacterianas— incluye analgésicos como paracetamol o ibuprofeno, hidratación abundante, reposo y gárgaras con agua tibia salada. No se recomiendan corticoides sistémicos de forma rutinaria, ni descongestionantes nasales prolongados, ni antihistamínicos, dado su escaso beneficio probado y potencial riesgo de efectos adversos.