¿Cómo se trata la esofagitis?
El tratamiento de la esofagitis depende fundamentalmente de su causa subyacente, por lo que el primer paso es establecer un diagnóstico preciso mediante historia clínica detallada, endoscopia digestiva alta y, en algunos casos, estudios complementarios como pHmetría esofágica, manometría o biopsias. En la esofagitis por reflujo gastroesofágico (ERGE), que es la forma más frecuente, la estrategia terapéutica se basa en tres pilares: modificaciones del estilo de vida, tratamiento farmacológico y, en casos seleccionados, intervención quirúrgica o endoscópica.
Las medidas no farmacológicas incluyen elevar la cabecera de la cama 15–20 cm, evitar comidas copiosas y alimentos desencadenantes (como café, chocolate, alcohol, cítricos y grasas), no acostarse dentro de las 2–3 horas posteriores a la ingesta, perder peso si existe sobrepeso u obesidad, y dejar de fumar. Estas recomendaciones tienen evidencia sólida para reducir la exposición ácida al esófago y mejorar los síntomas.
Desde el punto de vista farmacológico, los inhibidores de la bomba de protones (IBP), como omeprazol, esomeprazol, pantoprazol o rabeprazol, constituyen el tratamiento de primera línea. Se inician habitualmente con dosis estándar una vez al día, preferiblemente 30–60 minutos antes del desayuno, y pueden ajustarse según respuesta clínica y hallazgos endoscópicos. En casos graves o refractarios, se puede considerar dosificación dividida (una dosis matutina y otra vespertina) o aumento de la dosis. Los antagonistas H2 (como famotidina) tienen menor eficacia y se reservan para situaciones puntuales o como tratamiento de rescate.
En esofagitis eosinofílica, el abordaje es distinto: implica exclusión dietética guiada por pruebas alérgicas, uso de corticosteroides tópicos (como budesonida oral en suspensión o fluticasona inhalada con técnica de deglución), y seguimiento endoscópico con biopsias para evaluar respuesta histológica. Para esofagitis infecciosa —común en pacientes inmunodeprimidos—, el tratamiento específico varía según el agente causal: por ejemplo, fluconazol para candidiasis, ganciclovir para citomegalovirus o aciclovir para herpes simple.
Finalmente, en casos de esofagitis crónica con complicaciones como estenosis peptídica, se requiere dilatación endoscópica progresiva; si hay displasia de alto grado o adenocarcinoma asociado, se debe valorar manejo oncológico multidisciplinar. El seguimiento clínico y endoscópico periódico es esencial para evaluar la cicatrización mucosa, prevenir recurrencias y detectar tempranamente complicaciones como el esófago de Barrett o neoplasia.