¿Qué causa el dolor de garganta recurrente?
El dolor de garganta recurrente, definido como episodios repetidos de faringitis o amigdalitis (más de 5–7 veces al año, o más de 3 veces anuales durante dos años consecutivos), puede tener múltiples causas. Las más frecuentes son infecciones virales o bacterianas, especialmente por Streptococcus pyogenes (estreptococo del grupo A), responsable de la faringoamigdalitis estreptocócica. Sin embargo, también deben considerarse factores no infecciosos: reflujo gastroesofágico laringofaríngeo (que irrita la mucosa faríngea por exposición crónica al ácido gástrico), alergias respiratorias (como rinitis alérgica con goteo posnasal), sequedad ambiental, tabaquismo pasivo o activo, y exposición a irritantes químicos o contaminantes.
Otras causas menos comunes, pero importantes de descartar, incluyen trastornos inmunológicos (como la deficiencia de inmunoglobulinas), enfermedades autoinmunes (por ejemplo, lupus eritematoso sistémico o síndrome de Sjögren), linfoproliferaciones (como linfoma) o infecciones crónicas (como mononucleosis infecciosa persistente o infección por VIH). En niños, las amígdalas hipertróficas pueden favorecer la colonización bacteriana y las reinfecciones; en adultos mayores, debe evaluarse cuidadosamente cualquier lesión unilateral persistente, ya que podría sugerir patología neoplásica.
El diagnóstico requiere una historia clínica detallada (frecuencia, duración, asociación con fiebre, adenopatías, rash, pérdida de peso), exploración física completa (incluyendo faringe, amígdalas, ganglios cervicales y laringe) y, según sospecha, pruebas complementarias: cultivo faríngeo o test rápido para estreptococo, serología para virus (EBV, CMV), análisis de sangre (hemograma, VSG, proteína C reactiva, inmunoglobulinas), pHmetría esofágica o endoscopia si se sospecha reflujo, y en casos seleccionados, biopsia de tejido linfoides. El tratamiento debe ser etiológicamente dirigido: antibióticos solo ante confirmación bacteriana, manejo farmacológico y conductual del reflujo, control alérgico, hidratación adecuada y, excepcionalmente, tonsilectomía cuando hay criterios objetivos de indicación quirúrgica.