¿Cómo se trata la artrosis degenerativa?
La artrosis, también conocida como osteoartritis, es la forma más frecuente de artritis y se caracteriza por el deterioro progresivo del cartílago articular, acompañado de cambios óseos reactivos, inf
La artrosis, también conocida como osteoartritis, es la forma más frecuente de artritis y se caracteriza por el deterioro progresivo del cartílago articular, acompañado de cambios óseos reactivos, inflamación sinovial leve y alteraciones en los tejidos blandos circundantes. A diferencia de otras formas inflamatorias de artritis, su patogénesis no se basa principalmente en una respuesta inmunitaria sistémica, sino en un desequilibrio entre los procesos de degradación y reparación del cartílago, favorecido por factores como el envejecimiento, la sobrecarga mecánica, las lesiones previas, la obesidad y la predisposición genética.
El tratamiento de la artrosis es fundamentalmente multidimensional y se adapta al estadio de la enfermedad, la localización articular afectada y el perfil clínico del paciente. Las intervenciones no farmacológicas constituyen la columna vertebral del abordaje terapéutico: el control del peso corporal reduce significativamente la carga mecánica sobre las articulaciones weight-bearing —como rodillas y caderas— y mejora la función física; la actividad física supervisada, especialmente ejercicios de fortalecimiento muscular y movilidad articular, preserva la estabilidad articular y disminuye el dolor crónico; y la educación del paciente sobre estrategias de autocuidado, uso adecuado de ayudas técnicas (como bastones o plantillas ortopédicas) y modificación de actividades contribuye de forma decisiva a la calidad de vida.
En el ámbito farmacológico, los analgésicos como el paracetamol pueden emplearse en fases tempranas, aunque su eficacia es limitada en casos moderados a graves. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) ofrecen mayor alivio sintomático, pero su uso debe ser cuidadosamente evaluado por su perfil de riesgo cardiovascular, gastrointestinal y renal, especialmente en pacientes mayores o con comorbilidades. Los infiltrados intraarticulares de corticosteroides proporcionan alivio temporal del dolor e inflamación aguda, mientras que los preparados de ácido hialurónico —cuya evidencia clínica sigue siendo controvertida— se reservan para casos seleccionados tras agotar otras opciones.
En etapas avanzadas, cuando el dolor persiste y la discapacidad funcional es severa pese a tratamientos conservadores, se considera la cirugía reconstructiva. La artroplastia total —particularmente de cadera y rodilla— ha demostrado altos índices de éxito en términos de alivio del dolor, recuperación funcional y satisfacción del paciente. Otras alternativas quirúrgicas, como la osteotomía o la artrodesis, tienen indicaciones más específicas y se evalúan caso por caso según la edad, actividad física y patrón de afectación articular.
Es crucial subrayar que no existe un tratamiento curativo para la artrosis actualmente. El objetivo terapéutico realista es la modulación de los síntomas, la ralentización de la progresión estructural —cuando sea posible— y, sobre todo, la preservación de la autonomía funcional y la participación social del paciente. Un enfoque integral, centrado en el individuo y coordinado entre médicos de atención primaria, reumatólogos, fisioterapeutas y cirujanos ortopédicos, representa la estrategia más efectiva para el manejo a largo plazo de esta condición crónica.