¿Qué hacer ante el dolor de rodilla en personas mayores y de mediana edad?
El dolor articular en la rodilla es una queja frecuente entre adultos mayores y personas de mediana edad, y suele asociarse con procesos degenerativos como la osteoartritis, aunque también puede deriv
El dolor articular en la rodilla es una queja frecuente entre adultos mayores y personas de mediana edad, y suele asociarse con procesos degenerativos como la osteoartritis, aunque también puede derivar de lesiones previas, sobrecarga mecánica, alteraciones del alineamiento biomecánico o patologías inflamatorias sistémicas.
La evaluación diagnóstica debe ser integral: incluye una historia clínica detallada —con énfasis en el patrón, intensidad y factores agravantes o aliviadores del dolor—, exploración física rigurosa (evaluación de la movilidad activa y pasiva, estabilidad ligamentosa, signos de derrame o crepitación) y estudios complementarios cuando sea indicado. La radiografía simple de rodilla en proyecciones estándar sigue siendo la primera línea de imagen para valorar pérdida del espacio articular, esclerosis subcondral, osteofitos y deformidades óseas. En casos ambiguos o con sospecha de afectación meniscal o ligamentosa, se recomienda resonancia magnética.
El manejo terapéutico se basa en un enfoque multimodal y personalizado. Las medidas no farmacológicas constituyen la columna vertebral del tratamiento: ejercicio físico supervisado (especialmente fortalecimiento del cuádriceps y músculos estabilizadores periféricos), control del peso corporal, uso adecuado de ortesis o plantillas correctoras según necesidad biomecánica, y educación del paciente sobre la fisiopatología y estrategias de autorregulación del dolor.
En cuanto a la farmacoterapia, los analgésicos orales como el paracetamol pueden emplearse en etapas iniciales, mientras que los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) requieren evaluación cuidadosa del riesgo gastrointestinal, cardiovascular y renal, especialmente en pacientes geriátricos. Los infiltrados intraarticulares de corticosteroides ofrecen alivio sintomático temporal en episodios agudos inflamatorios, y el ácido hialurónico tiene evidencia moderada para mejorar la función y reducir el dolor en osteoartritis leve a moderada.
Ante el fracaso del tratamiento conservador y con deterioro funcional significativo que impacta la calidad de vida, la cirugía —como la artroplastia total de rodilla— se considera una opción efectiva y bien validada, con altas tasas de satisfacción y mejora funcional sostenida a largo plazo. Sin embargo, su indicación debe fundamentarse en criterios clínicos objetivos, no solo en la gravedad radiológica.
Es fundamental recordar que el dolor de rodilla no es inevitable con la edad: su aparición temprana o su progresión acelerada muchas veces reflejan factores modificables. Un abordaje temprano, multidisciplinar y centrado en el paciente permite no solo mitigar síntomas, sino preservar la funcionalidad articular y prevenir discapacidad.