¿Es grave que las transaminasas GOT y GPT estén elevadas?
Un aumento de las transaminasas hepáticas —es decir, de la aspartato aminotransferasa (AST, también llamada GOT) y la alanina aminotransferasa (ALT, también llamada GPT)— es un hallazgo frecuente en la práctica clínica y siempre requiere una evaluación médica adecuada. Aunque estos valores pueden elevarse de forma leve, moderada o importante, su significado no se determina únicamente por la magnitud del aumento, sino por el contexto clínico: síntomas presentes (como fatiga, ictericia, dolor abdominal en hipocondrio derecho), antecedentes personales (consumo de alcohol, medicamentos hepatotóxicos, obesidad, diabetes, exposición a hepatitis virales), resultados de otras pruebas (bilirrubinas, fosfatasa alcalina, gammaglutamil transferasa, albúmina, recuento plaquetario, ecografía abdominal) y evolución temporal.
No todas las elevaciones indican daño hepático grave: pueden deberse a causas reversibles y benignas, como una hepatitis viral aguda autolimitada, esteatosis hepática no alcohólica (EHNA), consumo reciente de alcohol o ciertos fármacos (por ejemplo, paracetamol en dosis altas, estatinas, antibióticos). Sin embargo, niveles muy elevados (por ejemplo, ALT > 1000 U/L) sugieren necrosis hepatocelular aguda y exigen descartar causas graves como hepatitis tóxica, isquémica o autoinmune, o incluso una insuficiencia hepática fulminante.
Es fundamental no ignorar este hallazgo ni automedicarse. El paso siguiente debe ser una consulta con un médico general o gastroenterólogo/hepatólogo, quien decidirá si se requieren estudios complementarios —como serologías virales (VHA, VHB, VHC), perfil lipídico, glucemia, ferritina, autoanticuerpos (AMA, ASMA, anti-LKM), o imagenología— y valorará la necesidad de seguimiento seriado de las enzimas. En muchos casos, con intervención temprana —como modificación del estilo de vida, suspensión de sustancias nocivas o tratamiento específico— se logra una normalización completa y se previene progresión a fibrosis o cirrosis.