¿Cómo se debe tratar un infarto cerebral?
El tratamiento del infarto cerebral (o accidente cerebrovascular isquémico) debe iniciarse de forma inmediata y en un entorno hospitalario especializado, ya que cada minuto cuenta para preservar el tejido cerebral viable. La estrategia terapéutica se basa en tres pilares fundamentales: restablecimiento temprano del flujo sanguíneo cerebral, prevención de complicaciones agudas y manejo integral de los factores de riesgo vascular.
En las primeras 3 horas desde el inicio de los síntomas —y hasta 4,5 horas en pacientes seleccionados— está indicada la trombólisis intravenosa con alteplasa, siempre que no existan contraindicaciones absolutas como hemorragia intracraneal previa, cirugía neurológica reciente o presión arterial no controlada (>185/110 mmHg). En casos de oclusión de grandes vasos (por ejemplo, arteria cerebral media proximal), la trombectomía mecánica endovascular es una opción altamente efectiva si se realiza dentro de las primeras 6 horas desde el inicio —y hasta 24 horas en pacientes con penumbra cerebral demostrada mediante neuroimagen avanzada (TC perfusión o RM).
Además, se inicia de forma precoz la antitrombótica secundaria: ácido acetilsalicílico (100–300 mg/día) en monoterapia durante las primeras 24–48 horas; en algunos casos seleccionados (como infartos lacunares pequeños o tras alta temprana), puede considerarse la combinación con clopidogrel durante los primeros 21 días. El control riguroso de la presión arterial, la glucemia y las dislipemias es esencial: se recomienda mantener la presión arterial <140/90 mmHg (o <130/80 mmHg en pacientes con diabetes o enfermedad renal crónica), HbA1c <7 % y colesterol LDL <70 mg/dL (o reducción ≥50 % respecto al valor basal) con estatinas de alta intensidad.
La rehabilitación neurológica debe comenzar en las primeras 24–48 horas posictus, de forma multidisciplinar (fisioterapia, logopedia, terapia ocupacional y neuropsicología), adaptada a la gravedad y topografía de la lesión. Asimismo, se debe realizar una evaluación exhaustiva de la causa subyacente: fibrilación auricular (que requiere anticoagulación oral con anticoagulantes orales directos o warfarina), estenosis carotídea significativa (>70 %), cardiopatías estructurales o trastornos de la coagulación, entre otras. Este diagnóstico etiológico guía el tratamiento preventivo a largo plazo y reduce significativamente el riesgo de recurrencia.