¿Pueden los niños contraer onicomicosis?
Sí, los niños pueden desarrollar onicomicosis, comúnmente conocida como «uña fúngica» o «pie de atleta en las uñas». Aunque es más frecuente en adultos —especialmente en personas mayores, con diabetes, inmunodepresión o antecedentes de traumatismos ungueales—, los niños no están exentos de este tipo de infección fúngica. Los hongos dermatofítos (como Trichophyton rubrum y Trichophyton mentagrophytes) son los agentes causales más comunes, aunque también pueden participar levaduras (por ejemplo, Candida albicans) o mohos no dermatofíticos, especialmente en contextos de exposición ambiental o inmunocompromiso.
En la población pediátrica, la presentación suele ser menos agresiva que en adultos: con afectación predominantemente distal y lateral de la uña (DLAO), engrosamiento leve, opacidad subungueal y decoloración amarillenta o blanquecina. Con frecuencia se asocia a tiña corporal o tiña del cuero cabelludo (tinea capitis), lo que sugiere una diseminación por autoinoculación. Factores de riesgo incluyen el uso compartido de calzado o toallas, contacto con superficies húmedas (como piscinas o vestuarios), sudoración excesiva y alteraciones en la barrera cutánea ungueal (por ejemplo, morderse las uñas o usar calzado inadecuado).
El diagnóstico debe basarse en la exploración clínica y, siempre que sea posible, en estudios complementarios: raspado ungueal para examen micológico directo con hidróxido de potasio (KOH) y cultivo fúngico. En casos dudosos, la dermatoscopia ungueal o la PCR molecular pueden ayudar a confirmar la etiología. Es fundamental descartar otras condiciones que imitan la onicomicosis, como la psoriasis ungueal, la onicólisis traumática o las onicodistrofias congénitas.
El tratamiento debe individualizarse según la extensión, el agente causal, la edad del paciente y la comorbilidad. En niños, la terapia tópica (como ciclopirox o efinaconazol) puede ser suficiente en formas leves y limitadas (<30 % de la lámina ungueal afectada). Sin embargo, cuando hay compromiso matricial, múltiples uñas o recurrencias, se requiere tratamiento sistémico: terbinafina es el fármaco de elección por su perfil de seguridad y eficacia demostrada en pediatría; el itraconazol y el fluconazol son alternativas válidas bajo supervisión especializada. El tratamiento debe acompañarse de medidas higiénico-ambientales: secado cuidadoso de los pies, uso de calcetines de fibras naturales, desinfección periódica del calzado y evitación del contacto directo con superficies contaminadas.
Es importante destacar que la onicomicosis infantil, aunque menos común, no debe ignorarse: su persistencia puede afectar la calidad de vida, favorecer sobreinfecciones bacterianas o actuar como fuente de contagio intrafamiliar. Por ello, ante cualquier cambio persistente en el color, grosor o textura de las uñas en un niño, se recomienda consulta con un dermatólogo pediátrico o un médico especialista en enfermedades infecciosas para evaluación y manejo adecuado.