¿Qué hacer si tienes niveles elevados de colesterol y lípidos en sangre?
El colesterol elevado, conocido médicamente como hipercolesterolemia, es un factor de riesgo cardiovascular silencioso pero altamente prevenible. No causa síntomas evidentes en etapas tempranas, pero
El colesterol elevado, conocido médicamente como hipercolesterolemia, es un factor de riesgo cardiovascular silencioso pero altamente prevenible. No causa síntomas evidentes en etapas tempranas, pero favorece la formación de placas ateroscleróticas en las arterias, aumentando el riesgo de infarto agudo de miocardio, accidente cerebrovascular y enfermedad arterial periférica.
La evaluación inicial debe incluir un perfil lipídico completo: colesterol total, colesterol LDL (“malo”), colesterol HDL (“bueno”) y triglicéridos. Los valores objetivo varían según el riesgo cardiovascular global del paciente —evaluado mediante herramientas validadas como el score de SCORE2—, pero en general se recomienda mantener el LDL por debajo de 100 mg/dL en personas con alto riesgo, y por debajo de 70 mg/dL en quienes ya presentan enfermedad cardiovascular establecida o diabetes mellitus tipo 2.
El manejo integral combina intervenciones no farmacológicas y farmacológicas. Las medidas no farmacológicas son fundamentales: una dieta cardiosaludable rica en fibras solubles (avena, legumbres, frutas), ácidos grasos omega-3 (pescado azul, nueces), esteroles vegetales y baja en grasas saturadas y trans; actividad física aeróbica moderada al menos 150 minutos semanales; abandono del tabaquismo y control adecuado de comorbilidades como hipertensión y obesidad abdominal.
Cuando las modificaciones del estilo de vida no logran alcanzar las metas terapéuticas o cuando el riesgo cardiovascular es elevado desde el diagnóstico, se indica tratamiento farmacológico. Las estatinas siguen siendo la primera línea por su eficacia probada en reducir eventos cardiovasculares mayores y su perfil de seguridad bien caracterizado. En casos refractarios o con intolerancia, se pueden añadir o sustituir por inhibidores de PCSK9, ezetimiba o bempedoato de sodio, siempre bajo supervisión médica especializada.
El seguimiento clínico es clave: se recomienda repetir el perfil lipídico entre 4 y 12 semanas tras iniciar o ajustar tratamiento, y posteriormente cada 6–12 meses si los niveles se mantienen estables. Además, debe evaluarse periódicamente la función hepática y muscular, especialmente durante el tratamiento con estatinas.