Beneficios a largo plazo de jugar squash para las mujeres
Practicar squash de forma regular y sostenida a lo largo del tiempo ofrece múltiples beneficios para la salud física y mental de las mujeres, respaldados por evidencia científica actual. Este deporte
Practicar squash de forma regular y sostenida a lo largo del tiempo ofrece múltiples beneficios para la salud física y mental de las mujeres, respaldados por evidencia científica actual. Este deporte de alta intensidad combina movimientos explosivos, cambios rápidos de dirección, coordinación oculomanual y resistencia cardiovascular, lo que lo convierte en una actividad integral para el sistema musculoesquelético, cardiovascular y neurológico.
Desde el punto de vista cardiovascular, el squash mejora significativamente la capacidad aeróbica, reduce la presión arterial en reposo y favorece un perfil lipídico más saludable, disminuyendo el riesgo de enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular. Estudios longitudinales indican que las mujeres que practican este deporte al menos tres veces por semana durante más de dos años presentan una reducción del 25 % en la incidencia de hipertensión arterial comparada con sedentarias.
En cuanto a la salud ósea, el impacto controlado y las cargas mecánicas variables propias del squash estimulan la formación ósea, especialmente en caderas y columna vertebral. Esto es particularmente relevante en la prevención de la osteoporosis posmenopáusica, ya que el ejercicio de carga axial incrementa la densidad mineral ósea (DMO) hasta un 3–5 % anual en mujeres premenopáusicas y perimenopáusicas activas.
Además, el squash fortalece de forma equilibrada la musculatura del core, miembros inferiores y superiores, mejorando la estabilidad articular, la postura y la prevención de lesiones por sobrecarga. La constante exigencia cognitiva —anticipación de trayectorias, toma de decisiones bajo presión y adaptación táctica— también potencia funciones ejecutivas como la atención sostenida, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva.
No obstante, se recomienda una evaluación médica previa, especialmente en mujeres mayores de 40 años o con antecedentes de patologías cardiovasculares, articulares o metabólicas. La progresión adecuada, el calentamiento específico y la técnica correcta son fundamentales para minimizar el riesgo de lesiones agudas —como esguinces de tobillo o tendinopatías del hombro— y garantizar la sostenibilidad a largo plazo de la práctica.