¿Cómo restablecer la menstruación en mujeres con síndrome de ovario poliquístico y bajo peso?
Las mujeres con síndrome de ovario poliquístico (SOP) y bajo peso corporal pueden experimentar amenorrea secundaria —es decir, la ausencia de menstruación durante al menos tres ciclos consecutivos—, u
Las mujeres con síndrome de ovario poliquístico (SOP) y bajo peso corporal pueden experimentar amenorrea secundaria —es decir, la ausencia de menstruación durante al menos tres ciclos consecutivos—, una situación que, aunque menos frecuente que en pacientes con sobrepeso u obesidad, requiere evaluación clínica rigurosa y manejo personalizado.
En este subgrupo, la amenorrea no se debe principalmente a la resistencia a la insulina ni a la hiperandrogenemia típicas del SOP clásico, sino que suele asociarse a un estado de estrés metabólico crónico: ingesta calórica insuficiente, pérdida de peso acelerada, ejercicio físico excesivo o trastornos del comportamiento alimentario. Estos factores alteran el eje hipotálamo-hipófiso-gonadal (HHG), suprimiendo la secreción pulsátil de gonadotropina liberadora (GnRH) y, consecuentemente, reduciendo los niveles de hormona foliculoestimulante (FSH) y luteinizante (LH), lo que impide la maduración folicular y la ovulación.
El abordaje terapéutico debe ser integral y centrado en la recuperación del equilibrio energético. La prioridad inicial es restablecer un balance calórico positivo mediante una dieta nutricionalmente adecuada, con aporte suficiente de grasas saludables, carbohidratos complejos y proteínas, evitando restricciones extremas. En paralelo, se recomienda ajustar la intensidad y volumen del ejercicio físico, especialmente si existe hiperactividad física no compensada.
Una vez estabilizada la ingesta energética y el peso corporal —sin necesidad de alcanzar un índice de masa corporal (IMC) dentro del rango “normal”, sino uno compatible con la función reproductiva individual—, muchos casos recuperan espontáneamente la menstruación en un plazo de 3 a 6 meses. En situaciones persistentes, puede considerarse una inducción farmacológica cuidadosa: el uso intermitente de progestágenos (como medroxiprogesterona acetato o noretisterona) durante 10–14 días cada ciclo, seguido de retirada para desencadenar una hemorragia de privación, ayuda a regularizar el endometrio y prevenir su hiperplasia. Sin embargo, la terapia hormonal no sustituye la corrección de las causas subyacentes.
Es fundamental descartar otras condiciones que pueden coexistir o mimetizar el cuadro, como disfunción tiroidea, hiperprolactinemia, insuficiencia ovárica prematura o trastornos del espectro de los trastornos de la conducta alimentaria. La evaluación debe incluir dosajes hormonales basales (LH, FSH, estradiol, testosterona total y libre, prolactina, TSH, IGF-1), ecografía pélvica y, cuando corresponda, valoración nutricional y psicológica especializada.
La recuperación menstrual en mujeres con SOP y bajo peso no es solo un indicador de función ovulatoria restaurada, sino también un marcador de salud sistémica global. Su seguimiento requiere un equipo multidisciplinar —endocrinólogo, ginecólogo, nutricionista y, si procede, psiquiatra o psicólogo clínico— para garantizar una atención holística y sostenible.