¿Cómo se puede inhibir la secreción de hormonas andrógenas?
La supresión de la secreción de hormonas andrógenas (como la testosterona y la dihidrotestosterona) no es un objetivo terapéutico generalizado, sino que se indica específicamente en ciertas condiciones médicas, como el cáncer de próstata avanzado, el síndrome de ovario poliquístico (SOP) con hiperandrogenismo sintomático, la hirsutismo grave, la alopecia androgénica resistente o algunos tumores productores de andrógenos. No debe realizarse de forma empírica ni sin supervisión médica, ya que los andrógenos desempeñan funciones esenciales en la salud ósea, muscular, cognitiva, cardiovascular y del estado de ánimo tanto en hombres como en mujeres.
Los métodos clínicamente validados para reducir la producción o acción de andrógenos incluyen: inhibidores de la 5-alfa reductasa (como finasterida o dutasterida), que disminuyen la conversión periférica de testosterona en dihidrotestosterona (DHT); antagonistas de los receptores androgénicos (por ejemplo, bicalutamida, enzalutamida o ciproterona acetato), que bloquean la unión de los andrógenos a sus receptores celulares; y análogos de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH), como leuprolida o goserelina, que suprimen la secreción hipofisaria de LH y FSH, reduciendo así la producción gonadal de andrógenos. En mujeres con SOP, los anticonceptivos orales combinados también pueden modular los niveles androgénicos al suprimir la secreción ovárica y aumentar la globulina fijadora de hormonas sexuales (SHBG).
Es fundamental destacar que ningún tratamiento debe iniciarse sin diagnóstico previo —que puede incluir dosajes séricos de testosterona total y libre, DHEA-S, androstenediona, LH, FSH, prolactina y estradiol—, evaluación clínica rigurosa y descarte de causas secundarias (como tumores suprarrenales o hipofisarios). Además, todos estos fármacos conllevan efectos adversos potencialmente significativos: desde alteraciones del estado de ánimo y disfunción sexual hasta cambios metabólicos, osteopenia o riesgo cardiovascular incrementado, dependiendo del agente y la duración del tratamiento.
Por lo tanto, la decisión de suprimir andrógenos debe ser individualizada, basada en evidencia, y siempre coordinada por un endocrinólogo, oncólogo o ginecólogo especializado, con seguimiento periódico de parámetros bioquímicos, clínicos y de calidad de vida.