¿La testosterona mejora realmente la función sexual?
La testosterona es la principal hormona sexual masculina y desempeña un papel fundamental en el desarrollo y mantenimiento de las características sexuales secundarias, la masa muscular, la densidad ós
La testosterona es la principal hormona sexual masculina y desempeña un papel fundamental en el desarrollo y mantenimiento de las características sexuales secundarias, la masa muscular, la densidad ósea y la función reproductiva. En cuanto a la función sexual, numerosos estudios clínicos han demostrado que niveles adecuados de testosterona están asociados con una libido normal, una respuesta eréctil satisfactoria y una actividad sexual regular.
No obstante, su efecto no es universal ni automático: la suplementación con testosterona solo mejora significativamente la función sexual en hombres con hipogonadismo confirmado —es decir, con concentraciones séricas persistentemente bajas de testosterona (<300 ng/dL) acompañadas de síntomas compatibles, como disminución del deseo sexual, fatiga, irritabilidad o disfunción eréctil refractaria a tratamientos convencionales.
En hombres con niveles normales o ligeramente bajos de testosterona pero sin diagnóstico de deficiencia hormonal, la administración exógena no ha mostrado beneficios consistentes sobre la función sexual y, por el contrario, puede conllevar riesgos importantes, como alteraciones del perfil lipídico, retención hídrica, acné, ginecomastia, supresión de la espermatogénesis y potencial aumento del riesgo cardiovascular en poblaciones vulnerables.
Por ello, las guías clínicas internacionales —como las de la Endocrine Society y la European Association of Urology— enfatizan que la terapia sustitutiva con testosterona debe reservarse exclusivamente para pacientes con diagnóstico bioquímico y clínico bien establecido, tras evaluación integral que incluya al menos dos determinaciones matutinas de testosterona total, junto con análisis de hormona luteinizante (LH), prolactina y ferritina, y descarte de causas secundarias o reversibles.
En resumen, la testosterona sí puede mejorar la función sexual, pero únicamente cuando existe una deficiencia real y documentada. Su uso fuera de este contexto carece de respaldo científico sólido y no está indicado desde el punto de vista médico.