¿Cuáles son las causas de los mareos frecuentes?
El vértigo o la sensación constante de mareo pueden tener múltiples causas, y su evaluación requiere un enfoque integral que considere el tipo exacto de síntoma (por ejemplo, si es una sensación de giro —vértigo verdadero—, de inestabilidad, de flotación, o de desmayo inminente), su duración, desencadenantes, asociación con otros síntomas (como pérdida auditiva, tinnitus, náuseas, cefalea, alteraciones visuales o déficits neurológicos) y los antecedentes médicos del paciente.
Entre las causas más frecuentes se encuentran los trastornos vestibulares periféricos, como la neuritis vestibular, la migraña vestibular y, especialmente, el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB), que se caracteriza por episodios breves de vértigo inducidos por cambios rápidos de posición cefálica. También son relevantes las alteraciones del sistema cardiovascular, como la hipotensión ortostática, arritmias cardíacas (por ejemplo, fibrilación auricular o bloqueos auriculoventriculares) o insuficiencia cardíaca, que pueden comprometer el flujo cerebral.
Otras causas importantes incluyen trastornos neurológicos (como accidente isquémico transitorio en el territorio vertebrobasilar, esclerosis múltiple o tumores del ángulo pontocerebeloso), alteraciones metabólicas (hipoglucemia, hipotiroidismo, déficit de vitamina B12), efectos adversos de medicamentos (especialmente sedantes, anticonvulsivantes, antihipertensivos o aminoglucósidos), y trastornos psiquiátricos como el trastorno de ansiedad generalizada o el trastorno de pánico, donde el mareo suele acompañarse de hiperventilación y sensación de desrealización.
Es fundamental realizar una historia clínica detallada y una exploración física completa, que incluya la prueba de Dix-Hallpike (para VPPB), evaluación de la marcha y equilibrio, maniobras de provocación vestibular, control de la presión arterial en decúbito y ortostatismo, y auscultación cardíaca. Según los hallazgos, pueden indicarse estudios complementarios como audiometría, videonistagmografía, resonancia magnética craneal, electrocardiograma o análisis de laboratorio (glucemia, función tiroidea, electrólitos, hemograma).
No se debe descartar la posibilidad de causas multifactoriales, especialmente en adultos mayores. Un abordaje temprano y adecuado permite un diagnóstico preciso y un tratamiento específico, evitando complicaciones como caídas, discapacidad funcional o deterioro de la calidad de vida.