¿Cuáles son las causas del mareo y los vómitos?
El vértigo acompañado de náuseas y vómitos puede tener múltiples causas, que van desde trastornos benignos del sistema vestibular hasta condiciones neurológicas o sistémicas potencialmente graves. Entre las causas más frecuentes se encuentran los trastornos vestibulares periféricos, como la neuritis vestibular —una inflamación aguda del nervio vestibular, generalmente viral— y el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB), caracterizado por episodios breves pero intensos de mareo desencadenados por cambios en la posición cefálica. También es común el síndrome de Ménière, asociado a acúfenos, hipoacusia fluctuante y sensación de presión auricular, debido a una alteración en la homeostasis endolinfática.
Otras causas importantes incluyen migraña vestibular, especialmente en pacientes con antecedentes de cefalea migrañosa, donde los episodios vertiginosos pueden durar minutos a horas y no siempre se acompañan de cefalea activa. Asimismo, deben descartarse causas centrales, como lesiones cerebelosas o del tronco encefálico (por ejemplo, infarto cerebeloso o esclerosis múltiple), particularmente si el vértigo es persistente, progresivo o se asocia a signos neurológicos focales como dismetría, disartria, ataxia o pérdida de la visión binocular.
No deben olvidarse causas sistémicas: hipotensión ortostática, alteraciones electrolíticas (hiponatremia, hipocalcemia), insuficiencia cardíaca descompensada, intoxicaciones (por fármacos ototóxicos como aminoglucósidos o diuréticos de asa) y trastornos metabólicos como la hipoglucemia. En adultos mayores, también es fundamental considerar interacciones medicamentosas y efectos adversos de fármacos sedantes o hipotensores.
La evaluación diagnóstica debe ser integral: anamnesis detallada (duración, desencadenantes, asociación con audición o cefalea, factores de riesgo vasculares), exploración física con prueba de Dix-Hallpike y maniobra de Epley (si se sospecha VPPB), evaluación del sistema nervioso central y, según sospecha clínica, estudios complementarios como audiometría, videonistagmografía, resonancia magnética cerebral o análisis de laboratorio. El tratamiento depende de la causa subyacente y puede incluir maniobras reubicadoras, fármacos vestibulares sintomáticos (como betahistina o antieméticos de corta duración), terapia vestibular o manejo específico de la patología base.