¿Cómo se trata adecuadamente el vértigo?
El vértigo es un síntoma frecuente que afecta a una proporción significativa de la población adulta, especialmente en personas mayores de 60 años. Se caracteriza por la sensación subjetiva de movimien
El vértigo es un síntoma frecuente que afecta a una proporción significativa de la población adulta, especialmente en personas mayores de 60 años. Se caracteriza por la sensación subjetiva de movimiento —como giro, caída o desplazamiento— cuando no existe estímulo físico real que lo justifique. No es una enfermedad en sí misma, sino una manifestación clínica asociada a múltiples trastornos, principalmente del sistema vestibular, pero también del sistema nervioso central, cardiovascular o metabólico.
El abordaje terapéutico debe comenzar con una evaluación diagnóstica rigurosa: anamnesis detallada, exploración física específica (incluyendo pruebas como el signo de Dix-Hallpike o la maniobra de Epley) y, en casos seleccionados, estudios complementarios como audiometría, videonistagmografía, resonancia magnética cerebral o análisis bioquímico. Identificar la causa subyacente es fundamental, ya que el tratamiento varía sustancialmente según el origen.
En el vértigo periférico más común —el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB)—, las maniobras reubicadoras, como la maniobra de Epley o la de Semont, constituyen el tratamiento de primera línea, con tasas de resolución superiores al 90 % tras una o dos sesiones. Para el vértigo asociado a la neuritis vestibular o al infarto vestibular, se recomienda la rehabilitación vestibular basada en ejercicios adaptativos, junto con corticoides sistémicos en fase aguda si hay sospecha inflamatoria. En el caso de la migraña vestibular, el manejo incluye modificaciones del estilo de vida, evitación de desencadenantes y, cuando es necesario, tratamiento farmacológico profiláctico con betabloqueantes, anticonvulsivantes o antidepresivos tricíclicos.
No se recomienda el uso prolongado de fármacos vestibulosupresores —como los benzodiazepínicos o los anticolinérgicos—, ya que pueden retrasar la compensación neural natural y favorecer la cronicidad. Su empleo debe limitarse a periodos muy breves (24–72 horas), exclusivamente en fases agudas intensas y bajo supervisión médica. La educación sanitaria al paciente, la prevención de caídas y el seguimiento multidisciplinar —con participación de otorrinolaringólogos, neurologistas y fisioterapeutas especializados en neurorehabilitación— son pilares esenciales para una recuperación funcional óptima.