¿Cuáles son las causas del dolor lumbar en hombres?
El dolor lumbar en hombres puede tener múltiples causas, que van desde afecciones musculoesqueléticas benignas hasta patologías sistémicas más graves. Las causas más frecuentes incluyen lumbalgia mecánica no específica —como contracturas musculares, sobrecargas por esfuerzo físico repetitivo o posturas inadecuadas— y trastornos degenerativos de la columna, como la artrosis facetaria, la espondilosis lumbar o las hernias discales, especialmente en personas mayores de 40 años.
Otras causas importantes son las alteraciones estructurales, como la escoliosis o la espondilolistesis, así como lesiones traumáticas agudas (por caídas, accidentes o levantamiento inadecuado de cargas). También deben considerarse patologías inflamatorias, como la espondilitis anquilosante —más común en varones jóvenes con dolor nocturno, rigidez matutina prolongada y mejoría con el ejercicio—, o procesos infecciosos como la osteomielitis vertebral o la discitis, particularmente en pacientes inmunodeprimidos o con antecedentes de cirugía previa.
No se debe descartar la posibilidad de causas urológicas, como cólicos nefríticos por litiasis renal o infecciones del tracto urinario alto, ni tampoco patologías abdominales, como aneurismas de aorta abdominal (especialmente si el dolor es pulsátil, continuo y se irradia a la ingle o pierna), o tumores retroperitoneales. En algunos casos, el dolor lumbar puede ser referido desde órganos pélvicos, como en prostatitis crónica o cáncer de próstata avanzado con metástasis óseas vertebrales.
Es fundamental realizar una evaluación clínica integral: anamnesis detallada (inicio, duración, características del dolor, factores agravantes o aliviadores, síntomas asociados), exploración física (pruebas neurológicas, movilidad lumbar, signos de inflamación o infección) y, según sospecha diagnóstica, estudios complementarios como radiografías simples, resonancia magnética lumbar, análisis de sangre (VSG, PCR, PSA, cultivos) o ecografía abdominal. El tratamiento dependerá siempre de la causa subyacente y debe individualizarse, combinando medidas conservadoras (reposo relativo, fisioterapia, analgesia escalonada), intervenciones específicas (antibióticos, inmunomoduladores) o, en casos seleccionados, abordaje quirúrgico.