¿Cómo se trata la vitiligo?
El vitiligo es una enfermedad autoinmune crónica caracterizada por la pérdida progresiva de melanocitos en la piel y, ocasionalmente, en las mucosas o el cabello, lo que se traduce en manchas hipopigmentadas bien delimitadas. Su tratamiento debe ser personalizado según la extensión, localización, actividad clínica (estabilidad o progresión), duración de las lesiones y el impacto psicosocial en el paciente.
Las opciones terapéuticas incluyen: fototerapia con luz ultravioleta B de banda estrecha (UVB-311 nm), considerada primera línea para afectación generalizada; corticoides tópicos de potencia media a alta, especialmente útiles en lesiones localizadas y recientes; inhibidores tópicos de la calcineurina (tacrolimus y pimecrolimus), recomendados en zonas delicadas como cara y pliegues, y en niños; y tratamientos sistémicos como corticoides orales en pulsos o fármacos inmunomoduladores (ej. micofenolato mofetilo) en casos de actividad aguda y rápida progresión.
En lesiones estables y refractarias, se pueden considerar procedimientos quirúrgicos o de trasplante celular, como injertos de epidermis no cultivada o trasplante de melanocitos cultivados. Asimismo, es fundamental el uso diario de fotoprotección con protector solar de amplio espectro (FPS ≥ 50) para prevenir la despigmentación adicional y reducir el riesgo de daño fotoinducido.
El abordaje integral debe incluir apoyo psicológico, ya que el vitiligo puede asociarse significativamente con ansiedad, depresión y alteraciones en la calidad de vida. No existe cura definitiva, pero muchos pacientes logran una repigmentación parcial o completa con tratamiento adecuado y seguimiento continuo por dermatólogo especializado.