¿A partir de qué valores de lípidos sanguíneos se diagnostica hiperlipidemia?
El término «hiperlipidemia» se refiere a concentraciones anormalmente elevadas de lípidos en sangre, principalmente colesterol total, colesterol LDL («malo»), triglicéridos y, en algunos casos, lipopr
El término «hiperlipidemia» se refiere a concentraciones anormalmente elevadas de lípidos en sangre, principalmente colesterol total, colesterol LDL («malo»), triglicéridos y, en algunos casos, lipoproteína(a). No existe un único valor umbral universal que defina «hiperlipidemia», ya que los límites diagnósticos dependen del perfil de riesgo cardiovascular del paciente, su edad, antecedentes personales y familiares, y la presencia de comorbilidades como diabetes, hipertensión o enfermedad arterial coronaria.
Según las guías más recientes de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) y la Sociedad Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD), se consideran valores límite para adultos sin factores de riesgo: colesterol total ≥ 5,0 mmol/L (193 mg/dL), colesterol LDL ≥ 3,0 mmol/L (116 mg/dL) y triglicéridos ≥ 1,7 mmol/L (150 mg/dL). Sin embargo, en personas con alto riesgo —como pacientes con cardiopatía isquémica previa, diabetes tipo 2 o enfermedad renal crónica— los objetivos terapéuticos son mucho más estrictos: el colesterol LDL debe mantenerse por debajo de 1,4 mmol/L (55 mg/dL), e incluso inferior a 1,0 mmol/L (40 mg/dL) en casos muy altos de riesgo.
Es fundamental destacar que el diagnóstico no se basa únicamente en cifras aisladas, sino en una evaluación integral que incluye el cálculo del riesgo cardiovascular a 10 años (por ejemplo, mediante la herramienta SCORE2), el análisis del perfil lipídico completo (incluyendo apolipoproteína B y relación apoB/apoA-I cuando corresponde) y la exclusión de causas secundarias, como hipotiroidismo, síndrome nefrótico, uso de ciertos fármacos (corticoides, betabloqueantes, antirretrovirales) o consumo excesivo de alcohol.
La detección temprana mediante analítica sanguínea periódica —especialmente a partir de los 40 años o antes si hay antecedentes familiares de hipercolesterolemia familiar— permite intervenir de forma oportuna con modificaciones del estilo de vida y, cuando es necesario, tratamiento farmacológico con estatinas u otras terapias lipidolíticas innovadoras, reduciendo así significativamente la incidencia de eventos cardiovasculares mayores.