¿Qué alimentos son recomendables si se tiene el ácido úrico en sangre elevado?
El aumento de los niveles séricos de ácido úrico —hiperuricemia— es una alteración metabólica frecuente que, si no se controla adecuadamente, puede desencadenar gota, cálculos renales o daño progresiv
El aumento de los niveles séricos de ácido úrico —hiperuricemia— es una alteración metabólica frecuente que, si no se controla adecuadamente, puede desencadenar gota, cálculos renales o daño progresivo en los riñones. Aunque la hiperuricemia tiene componentes genéticos y puede asociarse a enfermedades como la insuficiencia renal crónica o el síndrome metabólico, la dieta desempeña un papel clave en su modulación.
No existe un “alimento milagroso” que reduzca directamente el ácido úrico, pero ciertos patrones alimentarios han demostrado eficacia para disminuir su producción y favorecer su excreción renal. Se recomienda priorizar alimentos bajos en purinas —precursoras del ácido úrico— y ricos en compuestos con efecto uricosúrico o antiinflamatorio. Entre ellos destacan las frutas frescas (especialmente cerezas, fresas y naranjas), verduras no estacionales como el apio y el perejil, lácteos descremados y yogures naturales sin azúcar añadida, así como granos integrales y legumbres en cantidades moderadas.
Es fundamental limitar o evitar el consumo de carnes rojas, vísceras, mariscos y pescados grasos (como anchoas, sardinas y caballa), ya que son altos en purinas. También deben evitarse las bebidas azucaradas, especialmente aquellas endulzadas con jarabe de maíz de alta fructosa, y el alcohol —particularmente la cerveza—, pues interfieren con la excreción renal del ácido úrico y estimulan su síntesis hepática.
Además de la selección de alimentos, la hidratación adecuada —con al menos 2 litros diarios de agua sin gas— favorece la dilución y eliminación urinaria del ácido úrico. El mantenimiento de un peso saludable y la práctica regular de actividad física moderada también contribuyen significativamente al control metabólico. En casos persistentes o sintomáticos, siempre debe valorarse la intervención farmacológica bajo supervisión médica especializada.