¿Qué hacer ante las úlceras en las encías?
Las úlceras gingivales —lesiones dolorosas, redondeadas y de bordes bien definidos que aparecen en la encía— son relativamente frecuentes y suelen ser benignas, aunque siempre requieren una evaluación
Las úlceras gingivales —lesiones dolorosas, redondeadas y de bordes bien definidos que aparecen en la encía— son relativamente frecuentes y suelen ser benignas, aunque siempre requieren una evaluación clínica adecuada. Su aparición puede asociarse a múltiples causas: traumatismos locales (como cepillado agresivo, prótesis mal ajustadas o mordeduras accidentales), infecciones virales (especialmente el virus del herpes simple tipo 1), deficiencias nutricionales (notoriamente de hierro, ácido fólico, vitamina B12 o zinc), alteraciones inmunológicas (como la aftosis recurrente o enfermedades autoinmunes), estrés psicológico o incluso reacciones adversas a ciertos medicamentos.
No todas las lesiones ulceradas en la encía corresponden a aftas comunes. Es fundamental descartar patologías más graves, como infecciones por sífilis, tuberculosis oral, infección por VIH con manifestaciones orales, o incluso neoplasias, especialmente si la úlcera persiste más de dos semanas, aumenta de tamaño, presenta bordes irregulares, sangrado espontáneo, induración subyacente o afectación ganglionar regional. En estos casos, se recomienda de forma urgente consulta con un odontólogo o estomatólogo especializado, quien podrá realizar una exploración clínica exhaustiva y, si es necesario, solicitar estudios complementarios como biopsia incisional, pruebas serológicas o cultivos microbiológicos.
El manejo inicial depende de la causa identificada. Para úlceras aftosas leves, se recomienda higiene bucal suave con cepillo de cerdas ultrafinas, enjuagues bucales con solución salina tibia o clorhexidina al 0,12 % (bajo supervisión profesional), y aplicación tópica de corticoides en gel o pomada (como triamcinolona acetonida al 0,1 %) para reducir la inflamación y aliviar el dolor. En casos recurrentes o severos, pueden considerarse tratamientos sistémicos bajo prescripción médica, como colchicina, dapsona o terapias inmunomoduladoras. Asimismo, corregir deficiencias nutricionales demostradas mediante suplementación dirigida constituye un pilar fundamental del tratamiento etiológico.
La prevención incluye mantener una higiene oral meticulosa pero no traumática, evitar alimentos ácidos o picantes durante la fase aguda, gestionar adecuadamente el estrés y realizar revisiones odontológicas periódicas. Cualquier lesión gingival persistente, atípica o recurrente debe ser valorada tempranamente: el diagnóstico diferencial preciso no solo orienta el tratamiento efectivo, sino que también permite detectar a tiempo condiciones sistémicas subyacentes que requieren intervención multidisciplinar.