¿Qué pruebas médicas se deben realizar antes de una histerectomía?
Antes de programar una histerectomía —la cirugía para extirpar el útero— es fundamental realizar una evaluación diagnóstica exhaustiva. Este proceso no solo permite confirmar la indicación quirúrgica,
Antes de programar una histerectomía —la cirugía para extirpar el útero— es fundamental realizar una evaluación diagnóstica exhaustiva. Este proceso no solo permite confirmar la indicación quirúrgica, sino también descartar patologías asociadas, valorar el estado general de salud de la paciente y personalizar el abordaje operatorio.
La evaluación comienza con una historia clínica detallada y una exploración ginecológica completa, incluyendo tacto vaginal y bimanual, para evaluar el tamaño, movilidad y posibles adherencias del útero, así como la presencia de masas anexiales o alteraciones del suelo pélvico. Se realiza sistemáticamente una citología cervical (Papanicolaou) y, en caso de resultados anormales o factores de riesgo, una colposcopia con biopsias dirigidas.
Las pruebas de imagen desempeñan un papel clave: la ecografía transvaginal es la primera línea para caracterizar miomas, adenomiosis, pólipos endometriales o malformaciones uterinas. En casos complejos —como tumores voluminosos, sospecha de malignidad o planificación de cirugía conservadora— se indica resonancia magnética pélvica, que ofrece mayor resolución tisular y permite evaluar la infiltración miometrial o la afectación de estructuras vecinas.
Además, se solicitan análisis de laboratorio básicos: hemograma completo (para descartar anemia por sangrado crónico), coagulograma, función renal y hepática, grupo sanguíneo y factor Rh. En mujeres en edad fértil, se recomienda prueba de embarazo. Si hay antecedentes de trastornos hemorrágicos o cirugías previas con complicaciones hemáticas, puede requerirse estudio específico de la función plaquetaria o factores de coagulación.
Finalmente, se evalúa el riesgo anestésico mediante consulta con el servicio de anestesiología, especialmente en pacientes con comorbilidades como hipertensión, diabetes, enfermedad cardiovascular o obesidad mórbida. Esta valoración integral garantiza la seguridad quirúrgica, optimiza los resultados y permite ofrecer a la paciente información realista sobre las opciones terapéuticas alternativas, los posibles efectos secundarios y las implicaciones a largo plazo de la intervención.