¿Qué es la gripe A?
La gripe A, también conocida como influenza A, es una infección respiratoria aguda causada por virus del género Influenzavirus A, perteneciente a la familia Orthomyxoviridae. Se caracteriza por su alt
La gripe A, también conocida como influenza A, es una infección respiratoria aguda causada por virus del género Influenzavirus A, perteneciente a la familia Orthomyxoviridae. Se caracteriza por su alta capacidad de transmisión entre personas, su tendencia a mutar con frecuencia —lo que permite la aparición de nuevas cepas— y su potencial para generar brotes estacionales o pandemias.
A diferencia de los resfriados comunes, la gripe A suele debutar de forma brusca, con fiebre elevada (superior a 38 °C), escalofríos intensos, mialgias generalizadas, cefalea marcada, astenia profunda y tos seca. También pueden aparecer rinorrea, faringodinia y, en algunos casos, síntomas gastrointestinales como náuseas o vómitos —especialmente en niños.
El diagnóstico se basa en la sospecha clínica durante la temporada epidémica, pero se confirma mediante técnicas de biología molecular como la reacción en cadena de la polimerasa en tiempo real (RT-PCR) a partir de muestras nasofaríngeas. La detección rápida de antígenos tiene menor sensibilidad y no sustituye al método molecular en contextos clínicos críticos.
El tratamiento es principalmente sintomático: reposo, hidratación adecuada y analgesia-antitérmicos como paracetamol o ibuprofeno. En pacientes de alto riesgo —como menores de 5 años, adultos mayores de 65 años, embarazadas, personas con enfermedades crónicas respiratorias, cardíacas, inmunosupresoras o obesidad mórbida— se recomienda el uso temprano de antivirales neuraminidasa-inhibidores, como oseltamivir, zanamivir o peramivir, preferiblemente dentro de las primeras 48 horas desde el inicio de los síntomas.
La prevención más efectiva sigue siendo la vacunación anual. Las vacunas disponibles contienen cepas antigénicamente actualizadas según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y ofrecen protección cruzada parcial frente a variantes circulantes. Además, son fundamentales las medidas de higiene respiratoria: lavado frecuente de manos, uso de mascarillas en entornos de alto riesgo y evitar el contacto cercano con personas enfermas.