¿Por qué las heces son negras y líquidas?
La presencia de heces negras y líquidas, conocida médicamente como melena, constituye un signo clínico alarmante que requiere evaluación inmediata. Este aspecto característico —oscuro, brillante y con
La presencia de heces negras y líquidas, conocida médicamente como melena, constituye un signo clínico alarmante que requiere evaluación inmediata. Este aspecto característico —oscuro, brillante y con olor fétido— se debe a la digestión parcial de sangre proveniente del tracto gastrointestinal alto, generalmente desde el esófago, estómago o duodeno.
La melanosis ocurre cuando la hemoglobina de la sangre ingerida se transforma en sulfhemoglobina bajo la acción del ácido gástrico y las enzimas digestivas, lo que confiere a las heces su color negro intenso y consistencia pastosa o alquitranada. A diferencia de las heces oscuras causadas por medicamentos (como suplementos de hierro o bismuto) o alimentos (como remolacha o regaliz), la melena implica una pérdida sanguínea activa y significativa, habitualmente superior a 50–100 mL.
Entre las causas más frecuentes se encuentran las úlceras pépticas gastroduodenales, la gastritis erosiva, las varices esofágicas (especialmente en pacientes con enfermedad hepática crónica), los síndromes de Mallory-Weiss y las lesiones por uso prolongado de antiinflamatorios no esteroideos (AINE). También deben considerarse neoplasias digestivas altas, síndromes de angiodisplasia y, en menor medida, trastornos de coagulación o trombocitopenia severa.
No debe confundirse con la hematoquecia —expulsión de sangre roja o rojiza—, que sugiere sangrado del tracto gastrointestinal bajo. La melena, en cambio, indica que el sangrado ha ocurrido proximalmente al ligamento de Treitz y ha permanecido suficiente tiempo en el intestino para su transformación química.
Ante la aparición de heces negras y líquidas, se recomienda acudir de inmediato a urgencias. El diagnóstico se basa en la anamnesis detallada, exploración física (incluyendo búsqueda de signos de hipovolemia), análisis de sangre (hemoglobina, hematocrito, tiempos de coagulación) y, fundamentalmente, endoscopia digestiva alta dentro de las primeras 24 horas. El tratamiento depende de la causa subyacente e incluye estabilización hemodinámica, terapia farmacológica (como inhibidores de la bomba de protones a dosis altas) y, en muchos casos, intervención endoscópica terapéutica.