¿Cómo mejorar un IMC demasiado bajo?
Un índice de masa corporal (IMC) por debajo de 18,5 kg/m² se clasifica como bajo peso según los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta condición puede asociarse con riesgos signi
Un índice de masa corporal (IMC) por debajo de 18,5 kg/m² se clasifica como bajo peso según los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta condición puede asociarse con riesgos significativos para la salud, como disminución de la masa muscular, alteraciones del sistema inmunitario, osteopenia u osteoporosis, amenorrea en mujeres en edad fértil y mayor susceptibilidad a infecciones.
La mejora del IMC debe abordarse de forma integral y personalizada. En primer lugar, es fundamental descartar causas médicas subyacentes: trastornos endocrinos (como hipertiroidismo o insuficiencia suprarrenal), enfermedades digestivas crónicas (enfermedad celíaca, síndrome de malabsorción, enfermedad inflamatoria intestinal), patologías oncológicas, depresión grave o trastornos de la conducta alimentaria —especialmente el trastorno por evitación/restricción de la ingesta alimentaria (ARFID) en niños y adolescentes—.
Desde el punto de vista nutricional, el objetivo no es simplemente aumentar el peso, sino ganar masa magra de forma sostenible. Se recomienda un aumento calórico progresivo de 300 a 500 kcal/día sobre las necesidades de mantenimiento, priorizando alimentos densos en nutrientes: lácteos enteros, frutos secos y semillas, aguacate, aceite de oliva virgen extra, huevos, pescados grasos y carnes magras. Las comidas deben ser frecuentes (5–6 al día), incluyendo tentempiés entre horas ricos en proteínas y grasas saludables. En algunos casos, se indica suplementación oral con batidos energéticos y proteicos bajo supervisión dietética.
El entrenamiento de fuerza dos a tres veces por semana es esencial para estimular la síntesis proteica muscular y favorecer la ganancia de tejido magro, evitando así una acumulación excesiva de grasa corporal. Asimismo, se debe valorar el estado psicológico del paciente: el estrés crónico, la ansiedad o la baja autoestima pueden interferir con la recuperación nutricional y requieren abordaje multidisciplinar con apoyo psicológico especializado.
El seguimiento clínico debe ser regular: evaluación antropométrica (IMC, circunferencia braquial, pliegues cutáneos), análisis bioquímicos (hemograma, perfil tiroideo, vitaminas liposolubles, hierro, vitamina D) y, si procede, estudios funcionales o imagenológicos. Cualquier intervención debe coordinarse entre médico general, nutricionista-dietista especializado en desnutrición y, cuando sea necesario, psiquiatra o psicólogo clínico.