¿Cuál es el tratamiento para el cáncer gástrico?
El cáncer gástrico constituye una de las neoplasias malignas más frecuentes a nivel mundial, especialmente en regiones de Asia oriental, Europa del Este y América Latina. Su abordaje terapéutico es mu
El cáncer gástrico constituye una de las neoplasias malignas más frecuentes a nivel mundial, especialmente en regiones de Asia oriental, Europa del Este y América Latina. Su abordaje terapéutico es multidisciplinar y depende fundamentalmente del estadio tumoral al momento del diagnóstico, la localización anatómica dentro del estómago, el tipo histológico (como adenocarcinoma intestinal o difuso), el estado general del paciente y su perfil molecular.
La cirugía sigue siendo el pilar curativo en los estadios localizados y localmente avanzados. La gastrectomía parcial o total, con linfadenectomía regional amplia (D2), representa el estándar quirúrgico actual. En casos seleccionados —como tumores tempranos confinados a la mucosa o submucosa sin afectación linfática— puede considerarse la resección endoscópica, como la disección endoscópica submucosa (DES), siempre que se cumplan criterios rigurosos de selección y se realice seguimiento exhaustivo.
En estadios avanzados o metastásicos, el tratamiento se centra en el control sistémico. La quimioterapia combinada —por ejemplo, con esquemas basados en fluoropirimidinas (capecitabina o 5-fluorouracilo) y platino (cisplatino u oxaliplatino)— sigue siendo el fundamento de la terapia citotóxica. En los últimos años, la inmunoterapia ha transformado el manejo: los inhibidores de puntos de control inmunitario, como pembrolizumab, están indicados en pacientes con tumores que expresan receptores de PD-L1 (CPS ≥1) o con microsatélites inestables (MSI-H), tanto en primera línea como en líneas posteriores.
Asimismo, la terapia dirigida desempeña un papel creciente. Los anticuerpos monoclonales anti-HER2 (trastuzumab, pertuzumab) son eficaces en tumores HER2-positivos (aproximadamente el 15–20 % de los adenocarcinomas gástricos), mientras que los inhibidores de la vía VEGF (como ramucirumab) ofrecen beneficio en segunda línea para pacientes previamente tratados. La evaluación molecular sistemática —incluyendo análisis de HER2, MSI, PD-L1 y, en algunos centros, NTRK o CLDN18.2— es hoy indispensable para guiar decisiones terapéuticas personalizadas.
El soporte integral también forma parte esencial del plan oncológico: nutrición especializada, manejo de síntomas (náuseas, dolor, anemia), rehabilitación funcional y acompañamiento psicológico mejoran significativamente la calidad de vida y la tolerancia al tratamiento. La participación activa de un equipo multidisciplinar —compuesto por gastroenterólogos, oncólogos médicos y quirúrgicos, patólogos, radiólogos y especialistas en cuidados paliativos— garantiza una estrategia individualizada y basada en la evidencia.