¿Cuáles son los tratamientos eficaces para la úlcera gástrica?
El tratamiento efectivo de la úlcera gástrica se basa en un enfoque integral que combina la erradicación de Helicobacter pylori, la reducción de la secreción ácida y la protección de la mucosa gástrica. En primer lugar, si se confirma la infección por H. pylori mediante pruebas diagnósticas (como la prueba de ureasa respiratoria, análisis de heces o biopsia gástrica), se indica una terapia de erradicación triple o cuádruple durante 10–14 días: habitualmente un inhibidor de la bomba de protones (IBP) —como omeprazol, esomeprazol o vonoprazan— junto con dos antibióticos (por ejemplo, amoxicilina y claritromicina, o metronidazol y tetraciclina, según sensibilidad local y alergias). Es fundamental cumplir estrictamente el régimen para evitar resistencias bacterianas.
En segundo lugar, los IBP constituyen el pilar farmacológico para la cicatrización ulcerosa, ya que suprimen eficazmente la producción ácida gástrica, favoreciendo la reparación de la mucosa. Se recomienda su administración diaria durante 4–8 semanas, dependiendo de la gravedad y respuesta clínica. En casos refractarios o de alto riesgo, puede considerarse un ajuste posológico o cambio a un IBP de mayor potencia o duración prolongada.
Además, se deben identificar y eliminar factores de riesgo modificables: suspensión definitiva de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), especialmente si no son indispensables; control riguroso del tabaquismo y consumo excesivo de alcohol; y manejo del estrés psicológico mediante intervenciones conductuales o apoyo especializado cuando corresponda. No se recomiendan antiácidos ni protectores gástricos como monoterapia, aunque pueden usarse de forma complementaria para alivio sintomático puntual.
Finalmente, se debe realizar seguimiento endoscópico en pacientes con úlceras mayores de 2 cm, úlceras sangrantes, sospecha de malignidad o falta de respuesta al tratamiento estándar, para confirmar la cicatrización y descartar neoplasia gástrica. La adherencia al tratamiento, la educación sanitaria del paciente y la evaluación periódica son clave para prevenir recurrencias y complicaciones graves como hemorragia, perforación o obstrucción pilórica.