¿Es común la fiebre leve durante la fase aguda de la infección por el virus de la hepatitis B?
Es posible que los pacientes con infección aguda por el virus de la hepatitis B experimenten fiebre leve, aunque este síntoma no es constante ni predominante. Durante la fase aguda —que suele iniciars
Es posible que los pacientes con infección aguda por el virus de la hepatitis B experimenten fiebre leve, aunque este síntoma no es constante ni predominante. Durante la fase aguda —que suele iniciarse entre 6 semanas y 6 meses después de la exposición al virus— algunos individuos presentan manifestaciones sistémicas como astenia, anorexia, náuseas, dolor abdominal en el cuadrante superior derecho y, en ocasiones, fiebre subfebril (generalmente inferior a 38 °C). Sin embargo, la mayoría de los adultos inmunocompetentes permanecen asintomáticos o desarrollan cuadros clínicos leves y atípicos, lo que dificulta el diagnóstico temprano sin pruebas serológicas específicas.
La fiebre, cuando aparece, se considera un signo inespecífico de respuesta inmunitaria frente a la replicación viral hepática y no refleja necesariamente una gravedad mayor de la infección. En contraste, los lactantes y niños pequeños infectados suelen ser asintomáticos en más del 90 % de los casos, mientras que los adultos mayores o inmunodeprimidos pueden presentar formas más graves, incluyendo colestasis o hepatitis fulminante —aunque esta última es rara (<0,1 %).
El diagnóstico definitivo requiere la detección serológica del antígeno superficial del virus de la hepatitis B (HBsAg), junto con el anticuerpo IgM contra el antígeno nuclear (anti-HBc IgM), que es altamente específico de la infección aguda. La evolución favorable —con resolución espontánea y eliminación del virus— ocurre en aproximadamente el 95 % de los adultos sanos, quienes desarrollan inmunidad duradera tras la aparición de anti-HBs. No obstante, la vigilancia clínica y bioquímica (transaminasas, bilirrubina, protrombina) sigue siendo fundamental para identificar complicaciones tempranas.