¿Se puede corregir la genua valga (piernas en forma de O) en la edad adulta y cómo afecta la postura al caminar?
La genu varum, comúnmente conocida como «piernas en forma de O», es una alteración biomecánica caracterizada por una desviación medial de las rodillas, lo que provoca que los tobillos se separen mient
La genu varum, comúnmente conocida como «piernas en forma de O», es una alteración biomecánica caracterizada por una desviación medial de las rodillas, lo que provoca que los tobillos se separen mientras las rodillas permanecen juntas al estar de pie con los pies paralelos y apoyados en el suelo. Aunque esta condición suele ser fisiológica y autolimitada durante la primera infancia —aproximadamente entre los 12 y 24 meses de edad—, su persistencia más allá de los 7–8 años o su aparición en la edad adulta requiere evaluación especializada.
En adultos, la presencia de genu varum no siempre responde a causas congénitas o infantiles no resueltas; puede asociarse a factores adquiridos como la artrosis gonartrosica avanzada, la osteomalacia secundaria a déficit crónico de vitamina D, la enfermedad de Paget ósea, fracturas mal consolidadas del fémur o la tibia, o incluso a patrones posturales compensatorios prolongados derivados de alteraciones del pie (por ejemplo, pie plano valgo) o de la pelvis (como una anteversión femoral excesiva).
Respecto a la corrección en la edad adulta: sí es posible intervenir, pero las opciones terapéuticas dependen fundamentalmente de la causa subyacente, la gravedad radiológica (medida mediante el ángulo femorotibial o el ángulo de deformidad mecánica), la presencia o ausencia de síntomas articulares y el estado del cartílago articular. En casos leves y asintomáticos, el enfoque principal es conservador: reeducación postural, entrenamiento propioceptivo, fortalecimiento dirigido del músculo glúteo medio y del vasto medial, y corrección del patrón de marcha mediante fisioterapia especializada. El uso de plantillas ortopédicas personalizadas también puede ser útil si existe una componente biomecánica distal significativa.
Cuando la deformidad es moderada a severa, sintomática y progresiva —especialmente si hay evidencia radiológica de desgaste asimétrico del compartimento medial de la rodilla—, la cirugía puede ser indicada. Las opciones incluyen la osteotomía tibial o femoral de corrección, que permite redistribuir las cargas articulares y ralentizar la progresión de la artrosis. En pacientes mayores con degeneración avanzada y compromiso funcional importante, la artroplastia total de rodilla con componentes específicos para corrección de alineación también constituye una alternativa válida y bien documentada.
Es crucial destacar que no existe evidencia científica que respalde la eficacia de dispositivos comerciales no regulados (como correctores de postura caseros, fajas o aparatos de tracción), ni de ejercicios milagroso sin supervisión profesional. Cualquier abordaje debe iniciarse tras una evaluación integral que incluya anamnesis detallada, exploración física exhaustiva y estudios de imagen —preferentemente radiografías en carga bipedestante y, en algunos casos, resonancia magnética o tomografía computarizada para planificación quirúrgica precisa.