¿Es normal que un niño camine con las piernas separadas?
Es completamente normal que los niños pequeños caminen con las piernas ligeramente separadas, especialmente durante los primeros meses tras comenzar a andar. Este patrón de marcha se debe principalmente a la inmadurez del sistema neuromuscular, la relativa laxitud ligamentosa fisiológica y la necesidad de aumentar la base de sustentación para mejorar la estabilidad postural. Además, muchos lactantes presentan una leve rotación externa de las caderas y una curvatura fisiológica en varo de las piernas («piernas arqueadas»), lo cual contribuye a esa apariencia de separación al caminar.
No obstante, es importante observar si este patrón persiste más allá de los 3 años de edad, o si se acompaña de otros signos de alerta como caídas frecuentes sin causa aparente, asimetría evidente entre ambas extremidades inferiores, dolor articular, retraso en el desarrollo motor global, o pérdida progresiva de habilidades ya adquiridas. En esos casos, se recomienda una evaluación especializada por parte de un pediatra o un traumatólogo infantil, quien podrá valorar la alineación ósea, la fuerza muscular, la coordinación y la función articular mediante exploración física y, si corresponde, estudios complementarios como radiografías.
En la gran mayoría de los niños, la marcha se va volviendo más estable, eficiente y anatómicamente alineada entre los 2 y 4 años, conforme maduran los sistemas nervioso, musculoesquelético y vestibular. El acompañamiento afectuoso, el juego activo al aire libre y la estimulación motriz adecuada a la edad son factores clave que favorecen este desarrollo natural.