¿Por qué me retumban continuamente los intestinos y expulso gases?
El ruido intestinal (también conocido como borborigmos) acompañado de flatulencia frecuente es un fenómeno muy común y, en la mayoría de los casos, fisiológico. Los borborigmos son sonidos producidos por el movimiento peristáltico del intestino, que impulsa el contenido luminal —incluyendo gases, líquidos y residuos alimentarios— a lo largo del tracto digestivo. Cuando este tránsito se intensifica —por ejemplo, tras una comida, durante el ayuno o en situaciones de estrés—, los ruidos pueden volverse más audibles.
La flatulencia, por su parte, resulta de la acumulación de gases en el tubo digestivo, provenientes principalmente de la deglución de aire (aerofagia), la fermentación bacteriana de ciertos carbohidratos no absorbidos en el colon —como fructosa, lactosa, sorbitol o fibras solubles—, o procesos digestivos alterados. Algunas causas frecuentes y benignas incluyen: consumo excesivo de legumbres, crucíferas (brócoli, coliflor), bebidas gaseosas, chicle, o alimentos ricos en FODMAPs; intolerancia leve a la lactosa o fructosa; o cambios en la microbiota intestinal tras antibióticos o infecciones gastrointestinales previas.
No obstante, si estos síntomas persisten más de 2–3 semanas, aparecen asociados a pérdida de peso inexplicada, diarrea crónica, estreñimiento alternante con dolor abdominal intenso, sangrado rectal, fiebre o anemia, debe valorarse la posibilidad de trastornos subyacentes como síndrome del intestino irritable (SII), enfermedad celíaca, sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO), intolerancias alimentarias confirmadas o, en menor frecuencia, enfermedades inflamatorias intestinales (EII). En tales casos, es fundamental consultar a un gastroenterólogo para realizar una evaluación clínica integral, que puede incluir pruebas como análisis de sangre, test respiratorio para SIBO o lactosa, serología para enfermedad celíaca, y, si corresponde, estudios de imagen o endoscópicos.
Como medida inicial, se recomienda llevar un diario de síntomas y alimentos durante al menos una semana, identificar posibles desencadenantes y evitar, de forma temporal y supervisada, alimentos altamente fermentables. Una dieta equilibrada, masticación lenta, ingestión adecuada de agua y manejo del estrés también contribuyen significativamente a la regulación del tránsito y la flora intestinal.