¿Qué hacer ante una vaginitis en una niña pequeña?
En niñas pequeñas, la vaginitis es una condición relativamente frecuente, pero siempre requiere evaluación médica adecuada. A diferencia de las mujeres adultas, en la infancia la vagina no está protegida por estrógenos, lo que resulta en un epitelio más delgado, un pH vaginal más neutro (alrededor de 6–7) y una microbiota menos estable, factores que predisponen a inflamación e infecciones leves.
Las causas más comunes incluyen irritación local (por jabones agresivos, ropa ajustada o restos de orina), infecciones bacterianas no específicas (como Streptococcus pyogenes o Escherichia coli), hongos (Candida albicans, aunque menos frecuente antes de la pubertad), y, con menor frecuencia, parásitos como Enterobius vermicularis. Es fundamental descartar abuso sexual, especialmente si hay secreción purulenta, sangrado, lesiones genitales, síntomas urinarios persistentes o antecedentes psicosociales de riesgo —en estos casos, se debe activar el protocolo de protección infantil.
El diagnóstico se basa en la anamnesis detallada, exploración física cuidadosa (preferiblemente con posición de litotomía o decúbito lateral, sin espéculo en niñas prepuberales) y, según sospecha clínica, estudios complementarios: cultivo vaginal o uretral, test rápido de antígenos para estreptococo, examen microscópico con KOH o tinción de Gram, y coproparasitoscopía si se sospecha oxiuriasis. No se recomienda realizar pruebas de laboratorio de forma sistemática sin indicación clínica.
El tratamiento depende de la causa identificada: para vaginitis irritativa, se indica higiene suave (agua tibia, sin jabones perfumados), ropa interior de algodón y evitar el uso de toallitas húmedas. En caso de infección bacteriana confirmada, se puede utilizar ácido fusídico tópico o, excepcionalmente, antibióticos sistémicos bajo criterio médico. Para candidiasis, se emplean antimicóticos tópicos como clotrimazol al 1 % aplicado durante 5–7 días. Si hay oxiuriasis asociada, se trata a toda la familia con mebendazol o albendazol.
Es crucial orientar a los cuidadores sobre medidas preventivas: enseñar técnicas adecuadas de limpieza (de adelante hacia atrás), evitar baños prolongados con burbujas, revisar la higiene de manos y uñas, y promover el uso diario de ropa interior limpia y transpirable. El seguimiento clínico es necesario si los síntomas persisten más de 7–10 días, recurren o empeoran, ya que podría indicar una causa subyacente no identificada o una complicación.