¿Qué se debe hacer ante una hernia en una persona mayor?
En los adultos mayores, la hernia inguinal es la más frecuente, aunque también pueden aparecer hernias femorales, umbilicales o incisionales. Su aparición está asociada al debilitamiento progresivo de la pared abdominal —por envejecimiento, pérdida de masa muscular, tos crónica, estreñimiento persistente o antecedentes quirúrgicos— y a aumentos repetidos de la presión intraabdominal. El diagnóstico se establece mediante la exploración física cuidadosa, valorando la reducibilidad del saco herniario, su tamaño, la presencia de dolor a la palpación y signos de estrangulación (como eritema local, distensión abdominal, náuseas o vómitos). En algunos casos, especialmente cuando la clínica es ambigua o el examen físico es difícil por obesidad o edema, se recomienda una ecografía abdominal o una tomografía computarizada para confirmar el diagnóstico y evaluar complicaciones.
El tratamiento definitivo de la hernia en personas mayores es quirúrgico, ya que no existe un tratamiento médico conservador efectivo para eliminarla. Sin embargo, la decisión de intervenir debe individualizarse: se evalúa rigurosamente el estado funcional general, las comorbilidades cardiovasculares y respiratorias, la capacidad anestésica y el riesgo quirúrgico perioperatorio. En pacientes frágiles o con alto riesgo anestésico, puede considerarse una estrategia expectante si la hernia es asintomática, reducible y sin riesgo inminente de complicaciones. No obstante, esta actitud requiere seguimiento clínico regular, educación sobre signos de alarma (dolor súbito e intenso, imposibilidad de reducir la hernia, náuseas, vómitos o distensión abdominal) y consejo sobre medidas preventivas como el control del estreñimiento, evitar esfuerzos abdominales excesivos y mantener un peso adecuado.
La cirugía, cuando está indicada, suele realizarse mediante técnica laparoscópica (TAPP o TEP) o abierta (con malla sintética no absorbible), dependiendo de la experiencia del equipo, las características anatómicas del paciente y su perfil de riesgo. En ancianos bien seleccionados, la cirugía electiva tiene una tasa de complicaciones baja y mejora significativamente la calidad de vida, previniendo eventos graves como la obstrucción intestinal o la estrangulación herniaria. Es fundamental que la evaluación preoperatoria incluya una valoración geriátrica integral, optimización de medicaciones y coordinación multidisciplinar entre cirugía, anestesiología y geriatría.