¿Cuáles son las contraindicaciones para la vacunación?
Las contraindicaciones absolutas a la vacunación son muy escasas y deben evaluarse rigurosamente por un profesional sanitario. La principal contraindicación absoluta es la anafilaxia previa confirmada (reacción alérgica grave, potencialmente mortal) tras la administración de una dosis anterior de la misma vacuna o tras la exposición a alguno de sus componentes conocidos —como el huevo en ciertas vacunas antigripales (aunque actualmente la mayoría son seguras incluso en personas con alergia leve al huevo), el gelatina, el neomicina o el látex—. Otra contraindicación absoluta es el desarrollo de síndrome de Guillain-Barré dentro de las seis semanas posteriores a una dosis previa de vacuna contra la gripe, aunque esta relación causal no está plenamente establecida y debe valorarse caso por caso.
Las contraindicaciones relativas —es decir, situaciones que requieren posponer la vacunación hasta que se resuelva la condición o se realice una evaluación especializada— incluyen: infecciones agudas moderadas o graves con fiebre ≥38,5 °C (la fiebre leve no constituye obstáculo); inmunosupresión severa (por ejemplo, tras trasplante de médula ósea, quimioterapia activa o infección por VIH con recuento de linfocitos CD4 <200/μL), especialmente para vacunas vivas atenuadas (como las de sarampión, paperas, rubéola, varicela o fiebre amarilla), cuya administración está contraindicada en estos casos; y embarazo, en el que se evitan sistemáticamente las vacunas vivas atenuadas por precaución teórica, aunque las vacunas inactivadas (como las antitetánica, antipertussis acelular, antiinfluenzal o COVID-19 basadas en ARNm o vectores virales) están recomendadas y son seguras.
Es fundamental destacar que muchas condiciones frecuentes —como alergias alimentarias leves, asma controlada, eczema, historia de convulsiones febriles, prematuridad, lactancia materna o uso crónico de corticoides orales a dosis bajas— no constituyen contraindicaciones para la vacunación. Asimismo, la presencia de enfermedades crónicas estables (diabetes, cardiopatías congénitas, epilepsia bien controlada) no impide la inmunización y, por el contrario, suele incrementar la necesidad de protección vacunal. Siempre se recomienda una evaluación individualizada por parte del médico tratante, quien podrá decidir sobre la oportunidad y seguridad de cada vacuna según el estado clínico, edad, historial inmunológico y factores de riesgo específicos del paciente.