¿Cómo se contrae el VPH de alto riesgo?
Las infecciones por virus del papiloma humano (VPH) de alto riesgo se adquieren principalmente mediante contacto piel con piel durante las relaciones sexuales, incluidas las relaciones vaginales, anales y orales. No es necesario el intercambio de fluidos corporales ni la penetración para que ocurra la transmisión: basta con el contacto directo con áreas infectadas de la piel o mucosas genitales, anales o orofaríngeas.
Los tipos de VPH clasificados como de alto riesgo —como los serotipos 16, 18, 31, 33, 45, 52 y 58— poseen capacidad oncogénica comprobada. Esto significa que, en caso de persistencia de la infección (especialmente más allá de los 12–24 meses), pueden inducir alteraciones celulares progresivas en el epitelio, favoreciendo el desarrollo de lesiones precancerosas y, eventualmente, cánceres invasivos —principalmente de cuello uterino, pero también de vagina, vulva, ano, pene y orofaringe.
No existen síntomas específicos que permitan identificar una infección por VPH de alto riesgo: la mayoría de los casos son asintomáticos y se resuelven espontáneamente gracias a la respuesta inmunitaria. Sin embargo, la persistencia viral constituye el principal factor de riesgo para la progresión neoplásica. Factores que pueden favorecer dicha persistencia incluyen el tabaquismo, inmunosupresión (por ejemplo, VIH no controlado o tratamiento inmunosupresor), coinfecciones de transmisión sexual y múltiples parejas sexuales sin protección.
Es fundamental destacar que la infección por VPH de alto riesgo no equivale a tener cáncer, ni implica necesariamente que este se desarrollará. La detección temprana mediante citología cervical (Papanicolaou) y/o pruebas moleculares de ADN-VPH, junto con la vigilancia adecuada y las intervenciones oportunas (como la colposcopia y biopsia), permite prevenir eficazmente el cáncer cervical y otras neoplasias asociadas.