¿Qué hacer cuando se le rompe un trozo del diente?
Cuando una pieza dental sufre una fractura que afecta solo una porción del borde o ángulo de la corona —sin comprometer la pulpa ni causar dolor espontáneo ni sensibilidad extrema al frío o calor— se
Cuando una pieza dental sufre una fractura que afecta solo una porción del borde o ángulo de la corona —sin comprometer la pulpa ni causar dolor espontáneo ni sensibilidad extrema al frío o calor— se trata de una lesión limitada conocida como «falta de ángulo» o «fractura de esquina». Esta situación es relativamente frecuente y suele originarse por traumatismos leves, mordeduras accidentales sobre objetos duros, bruxismo no controlado o desgaste progresivo del esmalte.
El abordaje clínico depende de varios factores: el tamaño y ubicación exacta de la fractura, la presencia o ausencia de exposición dentinaria, la estabilidad del fragmento restante y las demandas estéticas y funcionales del paciente. En casos menores —donde la fractura es microscópica o afecta únicamente al esmalte sin llegar a la dentina— puede ser suficiente con una pulido suave para eliminar bordes afilados y prevenir irritación de los tejidos blandos.
Cuando hay exposición dentinaria, aunque sea mínima, se recomienda una restauración adhesiva directa con resina compuesta. Este procedimiento, realizado bajo aislamiento absoluto con dique de goma, permite recuperar la anatomía original, restaurar la función masticatoria y garantizar una integración estética natural gracias a la selección cuidadosa de tonalidades y técnicas de estratificación.
En fracturas más extensas —particularmente en dientes anteriores sometidos a cargas funcionales elevadas o con pérdida significativa de estructura— puede ser necesario evaluar alternativas como carillas de porcelana o incrustaciones indirectas. Estas opciones ofrecen mayor resistencia mecánica y durabilidad a largo plazo, especialmente si coexisten otras alteraciones como desgastes severos, manchas intrínsecas o desalineaciones leves.
Es fundamental realizar una evaluación integral que incluya exploración clínica, radiografía periapical (para descartar fracturas radiculares o afectación del ápice) y, en ocasiones, tomografía computarizada de haz cónico (TCHE) si se sospecha de fracturas complejas. Asimismo, debe investigarse la causa subyacente: el diagnóstico y manejo del bruxismo, la corrección de interferencias oclusales o la indicación de férulas de descarga pueden ser clave para prevenir recurrencias.
La intervención temprana no solo mejora el pronóstico restaurador, sino que también reduce el riesgo de complicaciones posteriores como caries secundaria, sensibilidad dentinaria progresiva o fracturas adicionales. Por ello, ante cualquier cambio en la forma, textura o contorno de un diente, se recomienda acudir de forma oportuna al odontólogo para una valoración especializada.