¿Qué hacer ante la mesenteritis en niños?
La enteritis membranosa infantil es una condición gastrointestinal rara y potencialmente grave que afecta principalmente a lactantes y niños pequeños. Se caracteriza por la formación de pseudomembrana
La enteritis membranosa infantil es una condición gastrointestinal rara y potencialmente grave que afecta principalmente a lactantes y niños pequeños. Se caracteriza por la formación de pseudomembranas inflamatorias en la mucosa intestinal, especialmente en el íleon y el colon, lo que puede provocar obstrucción parcial o completa del tracto digestivo.
Los síntomas suelen aparecer de forma aguda e incluyen vómitos persistentes, distensión abdominal progresiva, diarrea sanguinolenta o con moco, fiebre leve y signos de deshidratación como disminución de la diuresis y letargo. En casos avanzados, puede desarrollarse íleo paralítico o perforación intestinal, lo que exige intervención inmediata.
El diagnóstico se basa en la combinación de hallazgos clínicos, estudios de imagen —como la ecografía abdominal, que puede evidenciar engrosamiento de la pared intestinal y signos de obstrucción— y, cuando es necesario, la colonoscopia con biopsia para confirmar la presencia de pseudomembranas necróticas y descartar otras entidades como la colitis pseudomembranosa por Clostridioides difficile o la enfermedad de Crohn.
El tratamiento es fundamentalmente conservador y requiere hospitalización: hidratación intravenosa, corrección de alteraciones electrolíticas, ayuno terapéutico inicial seguido de reintroducción gradual de dieta elemental o de bajo residuo, y monitoreo estrecho de la motilidad intestinal. En algunos casos, se indica uso empírico de antibióticos dirigidos contra microorganismos anaerobios si se sospecha infección bacteriana subyacente. La cirugía está reservada exclusivamente para complicaciones graves como perforación, peritonitis o obstrucción no resuelta tras 48–72 horas de manejo médico.
El pronóstico es generalmente favorable con tratamiento oportuno, aunque la recurrencia es posible, especialmente si persisten factores desencadenantes como infecciones virales previas, uso reciente de antibióticos de amplio espectro o alteraciones inmunológicas subyacentes. Por ello, el seguimiento pediátrico especializado es esencial durante las semanas posteriores al alta.