¿Qué es un hematoma retroperitoneal?
Un hematoma retroperitoneal es una acumulación anormal de sangre en el espacio retroperitoneal —es decir, la región situada detrás del peritoneo, entre esta membrana serosa y la pared posterior del ab
Un hematoma retroperitoneal es una acumulación anormal de sangre en el espacio retroperitoneal —es decir, la región situada detrás del peritoneo, entre esta membrana serosa y la pared posterior del abdomen—. Este espacio aloja estructuras vitales como los riñones, las glándulas suprarrenales, los uréteres, los vasos renales y la aorta abdominal, lo que confiere a este tipo de hematoma un alto potencial de gravedad.
Suele originarse por traumatismos contundentes o penetrantes en la región lumbar, abdominal o pélvica, aunque también puede aparecer secundariamente a complicaciones de procedimientos invasivos (como biopsias renales o punciones lumbares), ruptura de aneurismas aórticos, disección aórtica, tumores vasculares o trastornos de la coagulación. En algunos casos, su causa permanece idiopática.
Los síntomas son variables y dependen del tamaño, localización y velocidad de acumulación sanguínea. Pueden incluir dolor lumbar o abdominal intenso y persistente, hipotensión, taquicardia, palidez cutánea y signos de shock hipovolémico. En ocasiones, el cuadro clínico es insidioso, con manifestaciones inespecíficas como anorexia, náuseas o sensación de plenitud abdominal, lo que dificulta el diagnóstico temprano.
El diagnóstico se establece mediante imágenes: la tomografía computarizada (TC) con contraste es el método de elección, ya que permite visualizar con precisión la extensión del hematoma, identificar su origen vascular y descartar lesiones asociadas. La ecografía tiene menor sensibilidad, especialmente en pacientes con sobrepeso o distensión intestinal, mientras que la resonancia magnética se reserva para casos seleccionados o cuando está contraindicada la TC.
El manejo depende de la estabilidad hemodinámica del paciente y de la causa subyacente. En casos estables y sin fuente activa de sangrado, se opta por vigilancia estrecha, reposición de volumen y corrección de alteraciones de la coagulación. Sin embargo, ante inestabilidad hemodinámica, aumento rápido del tamaño del hematoma o evidencia radiológica de sangrado activo, se requiere intervención urgente: desde embolización arterial selectiva hasta cirugía exploratoria con control quirúrgico del foco hemorrágico.
La evolución varía ampliamente: los hematomas pequeños y asintomáticos suelen resolverse espontáneamente en semanas; en cambio, los grandes o complicados concompresión de estructuras vecinas (como obstrucción urinaria o isquemia renal) pueden requerir tratamiento específico y presentar morbilidad significativa. Por ello, su reconocimiento oportuno y la evaluación multidisciplinar —entre radiólogos, cirujanos vasculares y médicos intensivistas— son fundamentales para optimizar el pronóstico.