¿Por qué no se puede orinar? Causas comunes de la retención urinaria
La incapacidad para orinar, conocida médicamente como retención urinaria, es una condición urológica que requiere evaluación inmediata. No se trata simplemente de una molestia ocasional, sino de una a
La incapacidad para orinar, conocida médicamente como retención urinaria, es una condición urológica que requiere evaluación inmediata. No se trata simplemente de una molestia ocasional, sino de una alteración potencialmente grave que puede comprometer la función renal y causar daño irreversible si no se aborda a tiempo.
Las causas más frecuentes incluyen obstrucciones mecánicas, como la hiperplasia prostática benigna en hombres mayores, cálculos renales o ureterales que migran hacia la uretra, tumores pélvicos o estenosis uretral postraumática o posquirúrgica. También son relevantes los trastornos neurológicos: lesiones medulares, esclerosis múltiple, enfermedad de Parkinson o accidentes cerebrovasculares pueden interferir con la señal nerviosa que coordina la relajación del esfínter urinario y la contracción del detrusor.
Otros factores contribuyentes comprenden efectos secundarios de medicamentos —como anticolinérgicos, opioides o alfa-agonistas—, infecciones urinarias agudas con edema uretral significativo, retención postoperatoria tras cirugías abdominales o pélvicas, y alteraciones metabólicas severas como la hipocalcemia o la hiponatremia.
La retención urinaria puede ser aguda —con aparición súbita, dolor suprapúbico intenso y distensión vesical palpable— o crónica —con síntomas más sutiles como chorro urinario débil, sensación de vaciamiento incompleto, goteo postmiccional o infecciones urinarias recurrentes. En ambos casos, el diagnóstico implica anamnesis detallada, exploración física, medición del residuo posmiccional mediante ecografía o sonda vesical, y, según el caso, estudios complementarios como uroflujometría, cistoscopia o pruebas de función neurológica.
El manejo depende de la causa subyacente y la gravedad clínica: la retención aguda constituye una urgencia médica que exige descompresión inmediata con sonda vesical, mientras que la crónica requiere estrategias personalizadas que pueden incluir tratamiento farmacológico, procedimientos mínimamente invasivos o cirugía reconstructiva. La intervención temprana previene complicaciones graves como insuficiencia renal aguda, infección del tracto urinario ascendente o daño permanente del músculo detrusor.