¿Por qué rechinan los dientes los bebés?
El bruxismo infantil, conocido comúnmente como «rechinar los dientes» o «apretar las mandíbulas durante el sueño», es un fenómeno relativamente frecuente en la población pediátrica. A diferencia del b
El bruxismo infantil, conocido comúnmente como «rechinar los dientes» o «apretar las mandíbulas durante el sueño», es un fenómeno relativamente frecuente en la población pediátrica. A diferencia del bruxismo en adultos —que suele asociarse con estrés psicológico, trastornos del sueño o alteraciones oclusales—, en los niños pequeños esta conducta se considera, en muchos casos, una manifestación fisiológica y transitoria vinculada al desarrollo neuromuscular y a la maduración del sistema nervioso central.
La aparición más habitual ocurre entre los 3 y los 6 años, coincidiendo con la erupción de los dientes permanentes y con cambios significativos en los patrones de sueño, especialmente en las fases no REM profundas. Estudios polisomnográficos han demostrado que el bruxismo infantil tiende a concentrarse en los ciclos de sueño ligero y en las transiciones entre etapas, lo que sugiere una relación con la inmadurez de los mecanismos inhibitorios del tronco encefálico.
Aunque en la mayoría de los casos no requiere intervención específica, es fundamental descartar causas secundarias potencialmente tratables: apnea obstructiva del sueño (particularmente si hay ronquidos, pausas respiratorias o sudoración nocturna excesiva), trastornos del movimiento periódico de las piernas, déficit de hierro o vitamina D, o efectos adversos de medicamentos como ciertos antidepresivos o estimulantes. En niños mayores o con síntomas persistentes —como dolor facial matutino, desgaste dentario acelerado, hipersensibilidad dental o alteraciones del sueño familiar— se recomienda evaluación multidisciplinar por odontopediatra, neurólogo pediátrico y especialista en medicina del sueño.
No existe evidencia científica sólida que respalde el uso rutinario de férulas de descarga en la infancia, dado su impacto potencial sobre el crecimiento craneofacial y la oclusión. La estrategia terapéutica prioritaria sigue siendo la observación clínica, la educación a las familias sobre su naturaleza generalmente benigna y la optimización de los hábitos de higiene del sueño.