¿Existe una relación entre el insomnio y la salud cardíaca?
¿Existe una relación entre el insomnio y la salud cardiovascular? La evidencia científica actual indica que sí: el insomnio crónico no es solo un trastorno del sueño, sino un factor de riesgo modifica
¿Existe una relación entre el insomnio y la salud cardiovascular? La evidencia científica actual indica que sí: el insomnio crónico no es solo un trastorno del sueño, sino un factor de riesgo modificable para enfermedades cardiovasculares. Estudios epidemiológicos prospectivos han demostrado que las personas con dificultad para iniciar o mantener el sueño —especialmente aquellas que duermen menos de seis horas por noche de forma persistente— presentan un mayor riesgo de hipertensión arterial, aterosclerosis, infarto agudo de miocardio y accidente cerebrovascular.
Los mecanismos subyacentes son múltiples y complejos. El insomnio crónico activa de forma sostenida el sistema nervioso simpático y el eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal, lo que eleva los niveles plasmáticos de cortisol, adrenalina y noradrenalina. Esto favorece la vasoconstricción, la taquicardia, la inflamación sistémica y la disfunción endotelial. Además, se observa una alteración en la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC), indicador clave de desequilibrio autonómico asociado a mayor mortalidad cardiovascular.
No se trata de una asociación casual: metaanálisis recientes, como el publicado en *European Heart Journal*, confirman que el insomnio con síntomas objetivos (como latencias de sueño prolongadas o fragmentación nocturna documentada mediante polisomnografía) incrementa hasta un 45 % el riesgo relativo de eventos cardiovasculares mayores, incluso tras ajustar por factores de confusión como edad, tabaquismo, obesidad y diabetes mellitus.
Es fundamental destacar que el tratamiento adecuado del insomnio —preferentemente con terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I), primera línea según las guías europeas y norteamericanas— puede revertir parcialmente estos efectos fisiopatológicos. La mejora de la calidad y duración del sueño se correlaciona con descensos significativos en la presión arterial nocturna, reducción de marcadores inflamatorios (como la proteína C reactiva) y normalización de la respuesta autonómica cardíaca.
En la práctica clínica, los profesionales de la salud deben considerar el insomnio como un signo de alerta temprano. Su evaluación sistemática en pacientes con factores de riesgo cardiovascular —y su manejo integral dentro del plan terapéutico— constituye una estrategia preventiva clave, coadyuvante a los tratamientos convencionales de hipertensión, dislipidemia o diabetes.