¿Cómo se trata la tiroiditis subaguda y qué medicamentos se recomiendan?
La tiroiditis subaguda, también conocida como tiroiditis de De Quervain, es una inflamación dolorosa de la glándula tiroides que suele tener origen viral y evoluciona en fases bien definidas: inicialm
La tiroiditis subaguda, también conocida como tiroiditis de De Quervain, es una inflamación dolorosa de la glándula tiroides que suele tener origen viral y evoluciona en fases bien definidas: inicialmente tirotoxica (con liberación excesiva de hormonas tiroideas almacenadas), seguida de una fase eutiroidea o hipotiroidea transitoria, y finalmente una recuperación completa en la mayoría de los casos.
El tratamiento se centra principalmente en el control de los síntomas, especialmente el dolor cervical y la fiebre. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como el ibuprofeno o el naproxeno, suelen ser la primera línea terapéutica en pacientes con sintomatología leve a moderada. Su uso debe ajustarse a la edad, función renal y presencia de contraindicaciones gastrointestinales o cardiovasculares.
En casos con dolor intenso, fiebre persistente o respuesta insuficiente a AINE, se recomienda el uso de glucocorticoides sistémicos, siendo la prednisona el fármaco de elección. La dosis inicial típica oscila entre 25 y 40 mg/día, con reducción gradual durante 2–4 semanas para evitar recaídas. Es fundamental supervisar cuidadosamente la retirada del corticoide, ya que una disminución demasiado rápida puede desencadenar recurrencia de la inflamación.
No se recomienda el uso rutinario de hormona tiroidea exógena (levotiroxina) durante la fase hipotiroidea transitoria, salvo en pacientes con síntomas clínicos relevantes o niveles de TSH persistentemente elevados más allá de 12 semanas. Asimismo, los antitiroideos (como el metimazol o propiltiouracilo) están contraindicados, pues no actúan sobre la liberación pasiva de hormonas desde folículos dañados y podrían retrasar innecesariamente la recuperación.
El pronóstico es excelente: más del 95 % de los pacientes experimenta resolución espontánea sin secuelas tiroideas permanentes. No obstante, se recomienda seguimiento clínico y analítico (TSH, fT4 y PCR o velocidad de sedimentación globular) cada 4–6 semanas durante los primeros tres meses para confirmar la normalización funcional y descartar complicaciones raras, como hipotiroidismo crónico o recurrencia.