¿Qué tan grave es una fractura del maléolo interno y externo derecho y cómo se trata?
Las fracturas del maléolo interno y externo del tobillo constituyen lesiones ortopédicas graves que requieren evaluación inmediata y manejo especializado. Este tipo de fractura afecta simultáneamente
Las fracturas del maléolo interno y externo del tobillo constituyen lesiones ortopédicas graves que requieren evaluación inmediata y manejo especializado. Este tipo de fractura afecta simultáneamente ambos bordes óseos del astrágalo —el maléolo medial (extremidad distal de la tibia) y el maléolo lateral (extremidad distal del peroné)—, lo que compromete significativamente la estabilidad articular y aumenta el riesgo de inestabilidad crónica, artritis postraumática y alteraciones funcionales si no se tratan adecuadamente.
La gravedad depende de varios factores: la displasia o separación entre los fragmentos óseos, la presencia de luxación asociada del astrágalo, la afectación del plato tibial o del ligamento deltoideo, y las comorbilidades del paciente —como osteoporosis, diabetes o enfermedades vasculares periféricas—. En la clasificación de Lauge-Hansen o AO/OTA, estas fracturas suelen corresponder a patrones tipo B3 o C1–C3, indicando inestabilidad biomecánica y necesidad frecuente de intervención quirúrgica.
El tratamiento se individualiza según la estabilidad radiológica y clínica. En casos excepcionales —fracturas no desplazadas, sin afectación ligamentosa ni alteración de la congruencia articular— puede optarse por inmovilización funcional con yeso o férula durante 4–6 semanas, seguida de rehabilitación supervisada. Sin embargo, la mayoría de los pacientes requiere fijación interna quirúrgica mediante tornillos canulados, placas de compresión o combinaciones de ambos, con el objetivo de restablecer la anatomía articular con una tolerancia de menos de 2 mm de desalineación y garantizar la reducción anatómica del espacio articular.
Tras la cirugía, se inicia una fase de protección parcial del peso durante 4–6 semanas, progresando gradualmente hacia carga completa bajo supervisión fisioterápica. La recuperación funcional completa suele requerir entre 3 y 6 meses, aunque la consolidación ósea radiológica puede observarse desde la semana 8–12. El seguimiento incluye controles radiológicos seriados y evaluación funcional con escalas como el Índice de Función del Tobillo y Pie (FAAM) o el puntaje de Olerud-Molander.
Complicaciones potenciales incluyen pseudoartrosis, infección de la herida quirúrgica, síndrome compartimental agudo, rigidez articular y desarrollo temprano de artrosis post-traumática. Por ello, el diagnóstico temprano, la intervención oportuna y la rehabilitación estructurada son fundamentales para optimizar los resultados a largo plazo.