¿Cómo se trata la isquemia miocárdica aguda?
El tratamiento del infarto agudo de miocardio (IAM) constituye una emergencia médica prioritaria, ya que cada minuto de retraso en la reperfusión miocárdica incrementa significativamente la mortalidad
El tratamiento del infarto agudo de miocardio (IAM) constituye una emergencia médica prioritaria, ya que cada minuto de retraso en la reperfusión miocárdica incrementa significativamente la mortalidad y el daño irreversible al músculo cardíaco. La estrategia terapéutica se basa en tres pilares fundamentales: restablecimiento inmediato del flujo coronario, control de los factores desencadenantes y prevención secundaria.
La reperfusión temprana es el eje central del manejo. En centros con capacidad para realizar angioplastia primaria, esta intervención debe iniciarse dentro de los 90 minutos desde la primera atención médica; si no está disponible, se indica trombólisis intravenosa dentro de las primeras tres horas desde el inicio de los síntomas —preferiblemente en las primeras 30 minutos—, siempre que no existan contraindicaciones absolutas como hemorragia activa o antecedente de accidente cerebrovascular hemorrágico.
Paralelamente, se instaura un régimen farmacológico estandarizado: aspirina (160–325 mg masticable al diagnóstico), inhibidores de la glucoproteína IIb/IIIa o antiagregantes plaquetarios más potentes (como ticagrelor o prasugrel) según perfil de riesgo y tipo de reperfusión, betabloqueantes sin efecto vasodilatador (por ejemplo, metoprolol), inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) en pacientes con disfunción ventricular izquierda o diabetes, y estatinas de alta intensidad desde las primeras 24 horas, independientemente de los niveles basales de colesterol.
El monitoreo continuo en unidad de cuidados coronarios permite detectar precozmente complicaciones como arritmias ventriculares, shock cardiogénico o ruptura de estructuras cardiacas. Asimismo, se incorpora evaluación funcional temprana, rehabilitación cardíaca supervisada y asesoramiento integral sobre modificación de factores de riesgo cardiovascular —tabaquismo, hipertensión, dislipidemia y sedentarismo—, elementos clave para reducir la recurrencia y mejorar la sobrevida a largo plazo.