¿El regaliz daña los riñones?
La regaliz, o raíz de regaliz (Glycyrrhiza glabra), es una planta medicinal tradicionalmente empleada en múltiples sistemas terapéuticos, incluida la medicina tradicional china. Su principal component
La regaliz, o raíz de regaliz (Glycyrrhiza glabra), es una planta medicinal tradicionalmente empleada en múltiples sistemas terapéuticos, incluida la medicina tradicional china. Su principal componente bioactivo es la glicirricina, un triterpeno que confiere propiedades antiinflamatorias, antivirales y mucoprotectoras. Sin embargo, su uso prolongado o en dosis elevadas puede tener efectos adversos significativos sobre el sistema renal.
La glicirricina inhibe la enzima 11β-hidroxiesteroide deshidrogenasa tipo 2 (11β-HSD2), responsable de la conversión periférica del cortisol en cortisona. Esta inhibición provoca una acumulación funcional de cortisol en los túbulos renales, lo que activa de forma inapropiada los receptores mineralocorticoides. Como consecuencia, se produce retención de sodio y agua, pérdida urinaria excesiva de potasio y, en casos graves, hipertensión arterial secundaria y alteraciones electrolíticas como la hipopotasemia.
Estos cambios fisiopatológicos pueden derivar en daño renal agudo, especialmente en pacientes con enfermedad renal preexistente, insuficiencia cardíaca, cirrosis hepática o en ancianos. Además, la hipertensión no controlada y la hipopotasemia crónica favorecen la progresión de la lesión renal estructural a largo plazo.
No existe un umbral universalmente seguro de ingesta diaria de regaliz, pero la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) recomienda no superar los 100 mg de glicirricina al día para adultos sanos. Una sola ración de dulces de regaliz puede contener hasta 200–300 mg, lo que supone un riesgo considerable si se consume de forma habitual. En pacientes con patología renal conocida, se recomienda evitar su consumo por completo.
Los signos de toxicidad por regaliz incluyen cefalea persistente, edemas periféricos, fatiga intensa, arritmias cardíacas y alteraciones del ritmo urinario. Ante su aparición, debe suspenderse inmediatamente el producto y valorarse la función renal mediante análisis de creatinina sérica, filtrado glomerular estimado (eGFR), electrolitos plasmáticos y renina-plasma/aldosterona.