¿Puede una tomografía computarizada abdominal detectar el cáncer de páncreas?
La tomografía computarizada abdominal (TC abdominal) es una herramienta diagnóstica fundamental en la evaluación del cáncer de páncreas. Gracias a su alta resolución espacial y su capacidad para difer
La tomografía computarizada abdominal (TC abdominal) es una herramienta diagnóstica fundamental en la evaluación del cáncer de páncreas. Gracias a su alta resolución espacial y su capacidad para diferenciar tejidos con distintos coeficientes de atenuación, permite visualizar con precisión la anatomía pancreática, detectar masas focales, evaluar su tamaño, localización y relación con estructuras vasculares vecinas —como la arteria mesentérica superior, la vena braquiocefálica y la vena porta—, así como identificar signos indirectos de malignidad, como la dilatación de los conductos pancreáticos o biliares, la atrofia parenquimatosa distal o la invasión peripancreática.
No obstante, la TC abdominal debe realizarse con protocolo específico para patología pancreática: generalmente incluye fases precontraste, arterial temprana (óptima para caracterizar lesiones hipovascularizadas típicas del adenocarcinoma ductal), y venosa tardía. La administración intravenosa de medio de contraste iodado es esencial para optimizar la detección y caracterización tumoral. En este contexto, la TC tiene una sensibilidad diagnóstica aproximada del 85–90 % y una especificidad superior al 90 % para el adenocarcinoma pancreático ductal, siendo actualmente el método de imagen inicial de elección en pacientes con sospecha clínica o bioquímica de neoplasia pancreática.
Aunque la resonancia magnética (RM) y la ecografía endoscópica (EUS) ofrecen ventajas complementarias —como mayor contraste tisular o posibilidad de biopsia guiada—, la TC sigue siendo la técnica más accesible, estandarizada y reproducible para la estadificación local y regional, así como para la valoración de resecabilidad quirúrgica. Su limitación principal radica en la dificultad para detectar lesiones muy pequeñas (< 1 cm) o tumores bien diferenciados que mimetizan el parénquima normal, por lo que un resultado negativo no descarta completamente la enfermedad, especialmente en presencia de síntomas persistentes o marcadores tumorales elevados como CA 19-9.