¿Qué se debe hacer ante un dolor sordo en la parte inferior derecha del abdomen en una mujer?
El dolor sordo o leve en la región inferior derecha del abdomen es un síntoma que requiere evaluación médica cuidadosa, ya que puede tener múltiples causas —desde condiciones benignas y autolimitadas hasta patologías quirúrgicas urgentes. La localización anatómica es clave: esta zona corresponde principalmente al ciego, el apéndice vermiforme, parte del íleon terminal, estructuras ginecológicas como el ovario derecho y la trompa de Falopio, así como músculos abdominales y fascia.
Entre las causas más frecuentes se incluye la apendicitis aguda, especialmente si el dolor comienza de forma difusa alrededor del ombligo y luego migra hacia la fosa ilíaca derecha, acompañado de anorexia, náuseas, ligera fiebre y signos de irritación peritoneal (como dolor a la descompresión brusca o signo de Blumberg positivo). Otras posibilidades importantes son la salpingitis o absceso tubo-ovárico en mujeres en edad fértil, endometriosis con implantes en la pelvis derecha, ovulación dolorosa (síndrome de Mittelschmerz), quiste ovárico funcional o su torsión, y alteraciones digestivas como diverticulitis del ciego, enfermedad inflamatoria intestinal (por ejemplo, enfermedad de Crohn) o síndrome del intestino irritable.
No debe descartarse la posibilidad de causas menos comunes pero potencialmente graves, como neoplasias colónicas derechas, hernias inguinales o femorales encarceladas, litiasis ureteral derecha o incluso patología musculoesquelética (como mialgia o desgarro del músculo oblicuo externo). En mujeres embarazadas, se debe considerar con especial atención la amenaza de aborto, embarazo ectópico roto o desprendimiento prematuro de placenta.
Se recomienda acudir de inmediato a valoración médica si el dolor es progresivo, persistente más de 24 horas, asociado a fiebre mayor de 38 °C, vómitos repetidos, pérdida de peso inexplicable, sangrado vaginal anormal, alteraciones del tránsito intestinal (estreñimiento o diarrea intensa) o rigidez abdominal. El diagnóstico se basa en la historia clínica detallada, exploración física minuciosa (incluyendo maniobras como el signo de Rovsing, psoas o obturador) y estudios complementarios como ecografía pélvica y abdominal, análisis de sangre (hemograma, PCR, función renal, marcadores inflamatorios) y, según sospecha, tomografía computarizada o resonancia magnética.
En ningún caso se debe automedicarse ni retrasar la consulta, ya que algunas causas —como la apendicitis no tratada— pueden evolucionar a perforación, peritonitis y sepsis. El manejo específico dependerá del diagnóstico definitivo: desde observación y tratamiento médico conservador (antibióticos, analgesia sintomática) hasta intervención quirúrgica urgente o programada.