¿Cuáles son las causas del cabello amarillento?
El cambio de color del cabello hacia tonos amarillentos puede deberse a múltiples causas, tanto fisiológicas como patológicas o externas. Desde el punto de vista dermatológico, una causa frecuente es la acumulación de melanina tipo feomelanina —más clara y rica en azufre— en comparación con la eumelanina, lo que confiere un matiz dorado o amarillento, especialmente en cabellos finos o despigmentados.
Otra causa común es el daño oxidativo crónico: factores ambientales como la exposición prolongada al sol (radiación UV), la contaminación atmosférica o el uso repetido de tratamientos químicos (tintes, decoloraciones, alisados) generan estrés oxidativo en el folículo piloso, alterando la síntesis y distribución de los pigmentos y favoreciendo la aparición de tonos apagados o amarillentos.
También deben considerarse causas sistémicas: deficiencias nutricionales —particularmente de hierro, zinc, vitamina B12, biotina o proteínas— pueden afectar la queratinización y la pigmentación capilar. En algunos casos, el cabello amarillento forma parte de cuadros más amplios, como el síndrome de Menkes (trastorno genético del metabolismo del cobre) o ciertas hepatopatías crónicas, donde se observa hiperbilirrubinemia y depósito de pigmentos biliares en estructuras queratinizadas.
Adicionalmente, el uso de productos capilares inadecuados —como champús con alto contenido de sulfatos o acondicionadores con siliconas no solubles— puede generar residuos que opacan el brillo natural y realzan tonalidades cálidas no deseadas. En personas mayores, la aparición espontánea de mechones amarillentos puede asociarse a la senescencia folicular y a la disminución progresiva de la actividad de la tirosinasa, la enzima clave en la producción de melanina.
Es fundamental realizar una evaluación integral que incluya historia clínica detallada, exploración dermatológica del cuero cabelludo y del cabello (con tricoscopia si es necesario), y, según sospecha diagnóstica, pruebas complementarias como perfil bioquímico, niveles séricos de micronutrientes o estudios hepáticos. El tratamiento debe ser etiológico: corrección de déficits nutricionales, protección fotoprotectora específica para el cabello, suspensión de agresiones químicas innecesarias y, en casos raros, abordaje multidisciplinar con especialistas en genética o hepatología.